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El próximo 2 de febrero el calendario litúrgico católico celebrará la devoción mariana (relativa a la Virgen María, madre de Jesús), en su advocación como Virgen de la Candelaria o “La Candelaria”, como se le conoce entre la gente sencilla. Sin embargo, el apego popular a esta práctica piadosa, y la difusión alcanzada por toda la Isla en forma de nombres propios de personas, topónimos, fiestas locales y otras variantes, justifican compartir estos apuntes, pues más allá de la fe individual de cada uno, se convirtió en una tradición generalizada.

Origen del culto. Tradición en Islas Canarias

La devoción como fiesta de “las candelas” por la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen María parece tener su origen en fiestas profanas de la antigua Roma. El nombre de la fiesta de La Candelaria procede de las velas (o candelas) que los devotos portaban en las procesiones. La fiesta, con toda probabilidad, se celebraba para remplazar los grandes festejos de la expiación y purificación (Februa) que tenían lugar en la antigua Roma a mediados de febrero. La fecha de la celebración pagana se trasladó entonces al día 2 de febrero, 40 días después de la Navidad. Esta distancia respetaba la ley judía que exigía un rito de purificación en el Templo de las madres de niños varones, a los 40 días del nacimiento del niño. Se cree que la fiesta de la Candelaria fue establecida en el año 541 o 542 por el emperador bizantino.

En las Islas Canarias esta celebración alcanzó características peculiares. En Tenerife, los aborígenes, también conocidos como guanches, rendían culto a una imagen aparecida en sus costas (siglo XIV), antes de la colonización de esos territorios por España (siglo XV), y, por tanto, previo a la entrada del catolicismo a ese territorio. En una gruta junto a la línea de playa conservaron y veneraron la imagen, hasta que años después los frailes dominicos construyeran en ese lugar una ermita dedicada a San Blas, conservada hasta la actualidad. Si bien la imagen original desapareció como resultado de una catástrofe natural, en uno de los templos de la isla (Adeje) se conserva una muy similar. También en Santa Cruz de Tenerife un hermoso y espacioso santuario está dedicado a esta devoción. Hasta el siglo XIX fue considerada Patrona única de las siete islas principales que conforman aquel archipiélago. Actualmente, al dividirse las regiones eclesiásticas, ha permanecido como patrona sólo de la diócesis de Tenerife.

Las dos las características más significativas de esta celebración religiosa en las islas, asimiladas por los cubanos son las siguientes:

  • Se celebra durante tres días, desde las vísperas (día primero de febrero), pasando por el día dedicado propiamente a la Candelaria (2 de febrero), hasta el día siguiente en que se festeja a San Blas obispo. Una costumbre canaria lleva en peregrinación ese día la imagen de San Blas, en recorrido de ida y vuelta, hasta el templo de la Candelaria para ser bendecida.
  • La celebración religiosa se acompaña de muy animadas fiestas profanas o romerías, con derroche de alegría y participación masiva.

De izquierda a derecha: Ermita y cueva de San Blas, primer templo cristiano de la Candelaria en Islas Canarias. El cuadro del pintor J. Aguiar en la Sala de Juntas del Cabildo Insular de Tenerife, donde se muestra a los guanches autóctonos demostrando respeto, admiración y alegría ante la imagen aparecida. Al centro la imagen de la Virgen de la Candelaria que se conserva en el templo de Adeje, muy parecida a la original traída por el mar a las costas canarias. Por último a la extrema izquierda, el Santuario de La Candelaria en Santa Cruz de Tenerife.

Asimilación y difusión en Cuba

La devoción mariana como Virgen de la Candelaria llegó a Cuba de la mano de los inmigrantes canarios, mayoritariamente gente trabajadora de campo. Alcanzó en breve tiempo una difusión y entronización impresionantes en la realidad cubana, convirtiéndose en fiesta patronal de más de un poblado. Este proceso comenzó casi coincidiendo con la publicación por primera vez en Sevilla, en 1594, del libro del sacerdote dominico Alonso de Espinosa “Del Origen y Milagros de la imagen de Nuestra Señora de la Candelaria que apareció en la Isla de Tenerife, con la descripción de la Isla”, cuya difusión por el mundo contribuyó significativamente a darle carácter universal con sabor canario a este festejo.

Otras devociones marianas más antiguas y difundidas en el territorio continental español tuvieron menos propagación en Cuba, mientras La Candelaria se difundía por cada localidad o asentamiento de inmigrantes canarios, hasta alcanzar la cifra de catorce. Un testimonio de ello es que al finalizar el siglo XIX, existían en toda la Isla solamente cinco templos parroquiales dedicados a la Virgen de la Caridad (devenida después en Patrona de los cubanos), todos clasificados como “de ingreso”, categoría de las parroquias de más bajo rango según el ordenamiento establecido a mediados del siglo XIX por un real decreto. Eran ellas las parroquias de la Virgen de la Caridad en Sancti Spíritus, Puerto Príncipe, Camarioca, Cartagena y Los Quemados (Marianao, en La Habana, dedicada actualmente a San Francisco Javier, cuyo párroco hizo públicos recientemente documentos hallados en su archivo parroquial demostrativos de su titularidad original desde 1734).

En contraste, la devoción a la Virgen de la Candelaria fue creciendo en Cuba como ninguna otra advocación mariana durante los tres primeros siglos de historia contemporánea, hasta alcanzar la cifra de 14 templos dedicados. Sin embargo, la explosiva difusión en el siglo XX de la advocación como Virgen de la Caridad, no tiene comparación, y la superó significativamente en número de lugares de culto dedicados. Actualmente, diseminados por toda la Isla, existe un total de 78 templos dedicados a la Virgen de la Caridad, de ellos 21 parroquiales, 37 iglesias y 20 capillas. Por otra parte, el impacto social que la devoción a la Candelaria nos legó es incalculable. En cuanto a topónimos, los pueblos o barrios nombrados en su honor se distribuyen por toda nuestra geografía como un mapa de las colonias de “isleños” que se asentaron desde la occidental Pinar del Río hasta la oriental Holguín.

Templos dedicados al culto a la Candelaria finalizado el siglo XIX y su distribución geográfica. De ellos siete pueblos de relativa importancia la tenían como Patrona, contando en ese número a una de las primeras villas cubanas, Camagüey (entonces Puerto Príncipe), fundada oficialmente durante las fiestas de la Candelaria de 1514 y que para entonces ostentaba el título de ciudad. En contraste sólo dos estaban dedicados a la Virgen de la Caridad.

Durante siglos la fiesta religiosa dio pie y convivió con alegres festejos populares enriqueciéndolos y acotándolos, sin forzarlos, con una alegría digna y dotándolos de un sentido que contribuía a evitar los excesos y las indisciplinas sociales. Con el tiempo, a las tradiciones puramente canarias se fueron agregando elementos criollos: del “agua de cebada” y el vino se pasó a la cerveza y el ron; del “baile de las cintas” y los juegos de azar para damas se pasó al “palo encebao” y los bailes de salón, que eran disfrutados por todas las categorías sociales, en la medida de las posibilidades de cada cual.

Sector del diario cienfueguero “La Correspondencia” del 30 de enero de 1948, donde se anuncia el programa de actividades tradicionales, religiosas y profanas, durante los tres días de la fiesta patronal de San Fernando de Camarones. Además de la Eucaristía y la exposición del Santísimo, se realizaban múltiples diversiones profanas como peleas de gallos, conciertos, bailes, etc.

La Candelaria en el macizo montañoso del Escambray

Dentro de la provincia eclesiástica de Cienfuegos (Diócesis), se encuentra el municipio de Trinidad, perteneciente a la provincia de Sancti Spíritus, así como la parte más occidental del macizo montañoso conocido como Escambray. En ese sector relativamente pequeño, son tres los lugares donde La Candelaria dejó su impronta. El primero es el “Valle de los Ingenios” en Trinidad, con varios lugares donde la tradición del culto a La Candelaria enraizó como práctica popular.

En esa parte del Escambray, a unos 6 kilómetros al Norte de Trinidad, desde que se fundó el caserío de Río de Ay en el siglo XVIII, se celebraron los festejos de La Candelaria, cuya fiesta se costeaba cada año por medio de rifas y limosnas. Allí se cumplía la tradición de comenzar las fiestas las vísperas el 1º de febrero hasta el día tres, en que se traía la imagen de San Blas desde San Pedro de Palmarejo y de vuelta. Considerable debió ser la fe de aquellos campesinos si tenemos en cuenta las condiciones topográficas (había que cruzar el río Agabama) y el estado de los caminos de entonces. Las guerras y otros avatares redistribuyeron los caseríos de la zona para finales del siglo XIX, quedando la tradición de La Candelaria en el Condado, última parada entonces del ferrocarril de Trinidad al Valle de los Ingenios, mientras Caracusey tomaba la tradición de San Blas. Hoy sus respectivas comunidades se empeñan en conservar los festejos patronales, mientras la “Semana de la Cultura” se ha mantenido en esas fechas de febrero con sus fiestas populares.

A la izquierda sector del Valle de los Ingenios, parte del mapa elaborado por Esteban Pichardo en 1875. Con círculos rojos los ingenios y trapiches existentes. Con flechas en azul las dos localidades con la tradición de celebrar las fiestas de La Virgen de la Candelaria y San Blas (Condado y Caracusey). A la derecha vista actual del Valle de los Ingenios desde lo alto de la Torre Iznaga.

En esa misma región del Escambray, en la ciudad de Trinidad, otra antiquísima tradición tiene como base el culto a La Candelaria. Sobre las estribaciones de la Loma del Vigía se domina toda la villa, y se disfruta de una inigualable vista. Allí está enclavado el templo dedicado a La Candelaria conocido como “La Popa”, y sus romerías de los días del 1º al 3 de febrero alcanzaron desde el siglo XVIII un esplendor tal, que el ilustre Barón Alejandro de Humboldt las mencionó en su “Ensayo político sobre la Isla de Cuba”. Los cultos convocaban a todo el pueblo creyente y los festejos populares alcanzaban una considerable lucidez. Durante esos días una buena parte de la población se reunía en sus ferias.

Entre las más de 30 litografías incluidas por Eduardo Laplante en el libro “Los ingenios de Cuba”, publicado en 1857, el autor escogió la vista de Trinidad desde donde se encuentra el templo conocido como “La Popa” (a la izquierda en la imagen), dedicado a la Virgen de la Candelaria, lugar donde se celebraban las fiestas entre los días 1º al 3 de febrero. A su vez, cuando Alejandro de Humboldt visitó esa ciudad en 1804 describió el lugar así: “al extremo boreal, se halla la iglesia Nuestra Señora de La Popa, sitio célebre de romería”. A la derecha estado del acceso y de las ruinas del templo en 1995.

Más al occidente en el propio macizo del Escambray, y por tanto más cerca de Cienfuegos, el pequeño pueblo de La Sierrita (antes conocido como La Sierra), tiene como patrona también a la Virgen de la Candelaria. Ubicada en las primeras estribaciones del Escambray, a partir de mediado el siglo XX, con la mejoría de los caminos de acceso, las fiestas patronales allí tomaron tal auge, que eran amenizadas por las mejores orquestas de la localidad y visitadas por muchas personas de Cienfuegos que viajaban a disfrutar de los cultos y festejos. Allí se daba un detalle típico canario: el siguiente pueblo por el camino se denomina San Blas, vinculando la Patrona del primero con el segundo, cuya imagen se trasladaba de ida y regreso cada 3 de febrero.

A la izquierda en la imagen un sector del diario “La Correspondencia” del 8 de febrero de 1936, donde se describen los festejos religiosos y profanos celebrados en La Sierrita (entonces nombrada “La Sierra”), en ocasión de su fiesta patronal. A la derecha rescate de la tradición de la procesión con la imagen de San Blas en el pueblo de igual nombre (3 de febrero de 2004), vinculado a La Sierrita por esta práctica.

La Candelaria en Cienfuegos

De los territorios de la antigua provincia de Las Villas, el lugar donde la devoción a la Candelaria tomó un carácter más arraigado en las tradiciones populares lo constituye el pueblo de Camarones. Sus festejos aglutinaron las gentes de los pueblos desde el cercano Escambray hasta los llanos de Ciego Montero, en un área de más de 100 kilómetros cuadrados.

Los festejos de la Candelaria en este pueblo comienzan con su propia fundación. La noticia más antigua que se posee sobre esa celebración se remonta a 1749, cuando el Obispo Auxiliar de La Habana, Mons. Cirilo de Barcelona, en visita pastoral a esta iglesia, daba instrucciones al Párroco respecto del cementerio, (entonces se encontraba en los alrededores de la misma), ordenándole no permitiera que se pusieran “ranchos” ni se bailara en las inmediaciones de la iglesia por las festividades de la Candelaria. Con el tiempo las fiestas fueron tomando mayor auge, convirtiéndose en el centro de reunión de los pueblos vecinos.

El carácter y alcance popular de las fiestas de la Candelaria en Camarones se mantuvo durante toda la etapa colonial, y resistió las difíciles pruebas de la independencia e instauración de la República, con su fuerte carga de ateísmo y la tendencia, difundida en un amplio espectro de la población cubana, de catalogar de “españolizante” cualquier manifestación de la Iglesia Católica, cuya historia en Cuba había estado marcada por cuatro siglos de “Patronato Regio”.

Cuando sobre los años cuarenta del siglo XX se establece en Cuba la costumbre entre los gobiernos locales de designar oficialmente un día para la celebración de las fiestas del pueblo, o como en algunos lugares se le llamó “Del Poblano Ausente”, los camaronenses no dudaron en que fueran los festejos de su Patrona los que convocaran a los ausentes de su pueblo. Desde entonces, y durante décadas, los camaronenses ausentes viajaron desde los lugares más lejanos de la Isla para encontrarse con sus raíces en los festejos de la Candelaria. Las fiestas, tradicionales por más de 250 años, dejaron de serlo de forma oficial en 1983, por acuerdo del Comité Ejecutivo del Poder Popular Municipal de la localidad, que los trasladó al mes de diciembre en conmemoración de otra fecha histórica.

La forma en que se celebraban los festejos fue cambiando con los años, pero su estructura de procesión y fiestas populares, así como su vinculación con los festejos de San Blas, se mantuvieron como factor común, efectuándose los días del 1º al 3 de febrero. El apogeo de las fiestas se alcanzó en los años cincuenta del siglo XX. Entre las actividades se incluían bailes en los dos liceos de que disponía el pueblo; se montaban kioscos para la venta de todo tipo de bebidas y de comidas; se organizaban las criollísimas peleas de gallos y rifas de diferentes tipos. Las empresas de transporte programaban viajes especiales para el movimiento de los visitantes; las capacidades de los hoteles durante esos días no cubrían las necesidades.

El día 2 de febrero se efectuaba la tradicional procesión con la imagen de la Candelaria. En un recorrido que comprendía las principales calles del pueblo, la imagen era llevada en hombros con varias paradas para rogativas y oraciones a favor de todos los pobladores. Así testimonió el historiador de esa villa Sr. René Álvarez: “La imagen de la Candelaria era cargada en hombros por los feligreses hasta su entrada al templo, en ese momento comenzaba un bello e inolvidable espectáculo de fuegos de artificio en los balcones de la parroquia. Se lanzaban al aire centenares de voladores, la siempre sorpresiva cascada, la estrella giratoria que, al terminar de dar vueltas y explotar los últimos voladores, dejaba ver en su centro la imagen de la Patrona del pueblo”.

Las procesiones de la Candelaria en Camarones se interrumpieron en 1961, cuando un grupo de personas paseó por el pueblo, a manera de grotesca burla, cuatro yeguas viejas y depauperadas, simulando la procesión y gritando frases poco respetuosas. La festividad religiosa quedó reducida a partir de entonces a los límites del templo. Con la autorización y colaboración del actual Gobierno local, las procesiones se restituyeron a partir de 1999. Lo que tuviera carácter de festejo popular, quedó reducido a la tradición religiosa de la procesión, que anima nuevamente las calles de San Fernando en las noches del 2 de febrero, con la asombrosa participación de una juventud educada fuera de estas costumbres. La fe en la Candelaria por parte de su comunidad católica no ha disminuido con el paso de los años.

A la izquierda en la foto la salida de la procesión de La Candelaria en San Fernando de Camarones en 1938. A la derecha la procesión de 1999, año en que nuevamente se rescató la tradición, después de decenios de interrupción por las autoridades.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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