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Jagua: espera de tres siglos para poblar la región

Conocida y apreciada por sus bondades y recursos casi desde el mismo descubrimiento de la Isla de Cuba y a pesar de muchos y periódicos intentos por poblarla, la zona de la bahía de Jagua debió esperar más de tres siglos a partir del inicio del proceso colonizador cubano hasta que sobre su geografía se fundara, un caluroso jueves de abril de 1819, la Colonia Fernandina de Jagua, devenida después ciudad de Cienfuegos.

La inercia que mantuvo despoblado este lugar se trocó a partir de entonces en espíritu creador. En el meteórico período de ocho décadas las burdas tiendas de campaña de los primeros cuarenta y seis colonos, agrupadas alrededor de un frondoso árbol de Jagua y distribuidas respetando el trazado de unas calles ubicadas más en la imaginación de sus fundadores que desmontadas en la realidad de la manigua circundante, se trocaron en una hermosa ciudad, conocida más tarde como “La Perla del Sur”, clasificada para finales del siglo XIX entre las cuatro más importantes del país después de su capital.

Sebastián de Ocampo, Diego Velázques y Fray Bartolomé de las Casas fueron algunos de los cronistas de la conquista que se establecieron y describieron la región de Jagua. A la izquierda Fray Bartolomé según un retrato que se conserva en la Biblioteca Colombina de Sevilla (España). A la derecha Diégo Velázquez según un grabado de 1520.

Estas notas las ofrezco especialmente a quienes aun les cuesta comprender como los sentimientos de religiosidad pueden convivir, acotar y promover en los cubanos de buena voluntad, otros relacionados con inquietudes sociales, cívicas y políticas. Confío en que ellas serán un humilde aporte al desde siempre escabroso, apasionante y poco debatido entre nosotros tema de la cubanidad y el catolicismo.

La fe católica: parte insoslayable de la cienfuegueridad

En ese proceso y durante toda su historia hasta la actualidad, los cienfuegueros han hecho presentes la Fe católica y su Iglesia, proclamadas desde el mismo momento en que escogieron escudo de armas y escribieron sobre el mismo la inscripción “Fides, labor et unio”. La Iglesia local se insertó también en ese vertiginoso proceso de crecimiento, aportando, desde las funciones propias de su ministerio, valores éticos y obras materiales a la localidad y a sus gentes. Ella forma parte de las realidades fundacionales y constitutivas de nuestra ciudad.

Los cienfuegueros, entendidos como tal aquellos nacidos aquí, o los que enamorados de este sitio le han dedicado su vida, han sido y son de una estirpe orgullosa de su identidad local e interesada en la conservación de su cultura y patrimonio particulares. En consecuencia, casi desde la propia fundación de la villa, son varias las obras de corte histórico escritas por sus habitantes en diferentes épocas, calificables para incluir en un catálogo de las antológicas y, por tanto, de obligada consulta para interesados y estudiosos. En ellas, insoslayablemente, se ha descrito la impronta de la labor de la Iglesia en la cultura cienfueguera, aunque en forma de referencias aisladas.

El máximo reconocimiento a esta estirpe cienfueguera es la reciente declaración por la UNESCO como “Patrimonio de la Humanidad”, el pasado 15 de julio, de una zona de setenta manzanas, conocida como el casco histórico de la ciudad, categoría compartida en el mundo por muy pocos sitios fundados en el siglo XIX. Sin embargo, a pesar de la nobleza cultural de los cienfuegueros, y que el tema de la historia de la Iglesia local lo amerita, nunca se ha realizado un estudio documentado sobre el asunto.

Imagen actual de la Catedral de Cienfuegos. Primer templo construido en el lugar (bohío de guano): 1820.

¿Cómo se acercaron a la historia de la fe católica en Jagua hasta 1959?

Por otra parte, la forma en que ha sido abordado este tema por la intelectualidad cienfueguera en el transcurso de los casi dos siglos transcurridos desde la fundación de la ciudad, ha variado con el tiempo, con el común denominador de la superficialidad. En el siglo XIX estuvo signada por los mismos factores en que se movió históricamente la formación de nuestra nacionalidad. De una parte se divulgaba por el interés de rescatar una tradición que contribuyera a hilvanar un discurso político en el que la palabra patria pasara de su concepto clásico aristotélico hasta adquirir la fuerte carga política del decimonónico americano con su novedoso concepto de nación. Por la otra, la mayoría de los autores se movían dentro de las ideas de crítica racionalista a la Fe y a la Iglesia de la Ilustración hispana, caracterizada por permitir más espacio para lo religioso que la Ilustración elaborada en otras latitudes. En todos los casos son abundantes los errores históricos causados por la inclinación a copiar de cualquier obra anterior sin constatar las fuentes históricas, asumiendo a priori que eran válidas; así como la tendencia a reproducir leyendas y tradiciones orales casi como verdades absolutas, más empeñados en lograr una imagen pintoresca y folclórica que en analizar objetivamente los hechos históricos. Entrado el siglo XX, el tema de la evangelización local fue tratado por dos grupos fundamentales de intelectuales (principalmente periodistas): desde fuera de la Iglesia y desde dentro. El primer grupo mantuvo las mismas características al abordar el asunto que sus colegas del siglo anterior, debatiéndose entre la conciencia de que el fenómeno formaba parte de unas tradiciones y realidades que merecían rescatarse, y la crítica a la Fe y a la Iglesia, en ocasiones rebasando el rango racionalista de sus antecesores, hasta alcanzar el epíteto descarnado y la intención destructiva, sobre todo en lo tocante a los reales vínculos de la Iglesia con el gobierno colonial bajo el régimen de Patronato Regio, crítica viable en los medios de comunicación sólo a partir de la separación de la Iglesia y el Estado con la ocupación norteamericana, confirmada más tarde con la aprobación de la constitución de 1901. El segundo grupo, en la mayoría de los casos, se empeñó en brindar una visión angelical de la Iglesia y su historia, desconectada de la realidad y muy lejana de los esfuerzos y dificultades que encontraban en su labor lo mejor del episcopado, del clero, de los religiosos y del laicado cienfueguero. Ambos grupos tenían como elemento común la falta de objetividad y consistencia histórica.

Periódico cienfueguero “La Correspondencia” del 9 de junio de 1928, p. 10, “El prelado de la raza de color”.

El abordaje de la fe católica después de 1959

El triunfo revolucionario de 1959 marcó una nueva etapa en la forma como se abordó el tema. El rumbo hacia la ideología marxista, con su consecuente ateísmo militante, practicado al proceso social por sus dirigentes casi desde el mismo comienzo, los conflictos entre la Jerarquía católica y el Estado, la posición entonces demasiado rígida de la Santa Sede con respecto a los regímenes socialistas de Europa del Este, la apresurada e intempestiva salida del país y su posterior renuncia a la sede episcopal en el extranjero del Obispo de Cienfuegos, entre otros factores, se tradujeron en una sucesión vertiginosa de acontecimientos cuyo punto álgido puede enmarcarse tentativamente en mayo de 1961, con la intervención de los colegios católicos( y la posterior agudización del conflicto como resultado de los sucesos ocurridos durante la procesión de la Virgen de la Caridad de ese año en La Habana. A partir de entonces, cualquier expresión de la difusa y variopinta religiosidad del cubano, no sólo la genuinamente católica, se tornó “un rezago del pasado”, una expresión del “opio de los pueblos”, a erradicar cuanto antes.

En las dos décadas que sucedieron a los vertiginosos años sesenta la cuestión fue prácticamente excluida de las publicaciones locales, abordándose ocasionalmente como referencia a un pasado indeseable y superado.

Periódico cienfueguero “Liberación” del 3 de mayo de 1961, primera plana, sección “Apuntes revolucionarios”

Acercamiento a la fe católica a partir de los noventa

Los noventa produjeron un cambio en la forma exterior de tratar la impronta del catolicismo en la historia cienfueguera, ajustándose a los nuevos acontecimientos que se sucedían en el país como consecuencia de la desaparición de los regímenes socialistas de Europa oriental. El tema de la fe y las expresiones de religiosidad del cubano se incorporó nuevamente a la agenda de los más serios institutos de investigación e investigadores del país, pero en muchos casos sólo para profundizar en su carácter pintoresco y folclórico, a veces, aún, dejando ver la visión del asunto como una ingenuidad indeseable, casi nunca como fuente de algunos de los ricos valores de la cubanidad. En lo referente al ámbito cienfueguero acerca del tema no conozco ningún intento publicado en este sentido durante el período.

Todavía hoy, las autoridades culturales del territorio en su accionar arrastran el pesado lastre de la inercia histórica, ajena a su función de evaluación cualificada de las expresiones de la cultura y a contrapelo de una realidad viva y actual, cada vez más evidente en las muestras de religiosidad popular, (sobre todo aquellas de participación masiva), y del ávido interés que sobre el tema demuestran casi todas las capas sociales y grupos de filiación ideológica de la población cienfueguera. Cualquier intento de socializar los resultados de investigaciones al respecto en los espacios institucionales correspondientes, aun cuando se reconocen como imprescindibles por sus propios especialistas en el proceso de rescate de nuestro patrimonio local, declarado como de importancia para la Humanidad toda por la UNESCO en este propio año, es confundido sutil o directamente con un intento de proselitismo religioso, sobre todo si su posible ponente es un laico y su tesis es que la impronta del catolicismo forma parte del alma de nuestra cultura y es una riqueza y una realidad constitutiva de nuestra ciudad.

Procesión alrededor del Parque Martí con la imagen de la Purísima, fiesta patronal de Cienfuegos,, el 8 de diciembre de 2008

¿Para qué estos apuntes?

Estos apuntes, dirigidos a todo el espectro de cienfuegueros y cubanos de buena voluntad empeñados en el rescate de sus genuinas tradiciones, tienen la presuntuosa intención de contribuir a crear y consolidar una identidad cubana armónica que pueda integrar en su seno sus múltiples tradiciones nacionales, especialmente hoy, cuando la cultura cubana está inmersa en un insoslayable pluralismo religioso e ideológico, rescatando los valores que el catolicismo dejó en nuestra historia, con objetividad, sin temor a atravesar con ímpetu constructivo y espíritu humilde las zonas oscuras en la geografía de esa impronta. Ellos se circunscriben en particular a la ciudad donde vivo, tributando con ello a la confirmación de nuestra estirpe cultural cienfueguera, lo que nos hará más cubanos, sentido de pertenencia que, a su vez, nos ayudará a insertarnos mejor en la gran patria universal. Colateralmente ellos intentan también llenar el vacío de información cuidadosamente descuidado correspondiente al período de la única República que nos hemos construido los cubanos desde 1902 hasta la fecha.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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