Article Image
de lectura

En los últimos sesenta años los investigadores y medios de comunicación han hecho un hincapié desmedido en las expresiones populares de las religiones animistas africanas. Según esta campaña son las únicas componentes del “ajiaco” aglutinador de nuestra nacionalidad. El estudio y descripción de ese tipo de expresiones, católicas, suena retrógrado y conservador. Lo cierto es que, según nuestro Cardenal (hoy gravemente enfermo), la religiosidad del cubano es “difusa”, e incluye las tradiciones católicas. Dejemos a un lado el clientelismo político implícito en esa forma de enfocar nuestras tradiciones, así como los históricos conflictos entre la Iglesia Católica y el Todopoderoso Estado “revolucionario”, para conversar acerca de dos de las advocaciones marianas menos “populares” entre los cienfuegueros, aunque de una importancia capital para el desarrollo de la actividad caritativa en favor de los grupos más desfavorecidos.

Prácticamente cualquier cienfueguero (más allá de la fe), reconocería la imagen de la Patrona de su ciudad, la Purísima Concepción. Sin embargo, otras devociones marianas menos conocidas y reverenciadas, jugaron un importante papel en la ciudad, sobre todo para el sostenimiento de algunas de las instituciones de caridad donde buscaban refugio los más humildes.

Nuestra Señora de los Desamparados. Detalles de la devoción.

A principios del siglo XV en Valencia, España, un sacerdote mercedario, Fray Juan Gibert Jofré, apoyado por un buen número de laicos que lo siguieron en su proyecto, fundó un hospital para la atención humanitaria de los enfermos mentales desamparados. La idea fructificó, creándose una cofradía para la atención de éste y otros hospitales establecidos con posterioridad. Al principio, el Papa Benedicto XIII dio por titulares y patronos del nuevo hospital a los Santos Inocentes Mártires, por ser los únicos santos a quienes la iglesia tributa culto sin haber alcanzado el uso de razón en su breve vida mortal. Con el tiempo se amplió el campo de asistencia de los hospitales a otras categorías de desamparados y se desarrolló la costumbre popular entre los valencianos de designar los hospicios como de Nuestra Señora de los Inocentes (devoción mariana oficialmente inexistente). En este contexto, la necesidad de proporcionar una nueva imagen de la Virgen para representar el patrocinio sobre los dementes de los hospitales y la piadosa Cofradía, sin pretenderlo, hacía que surgiera una nueva advocación mariana, devenida posteriormente de alcance universal.

El 3 de junio de 1493, por Decreto Real de Fernando el Católico, la advocación recibió el título de Nuestra Señora de los Inocentes y de los Desamparados. Ya en el siglo XX el papa Juan XXIII declaró la devoción como Nuestra Señora de los Desamparados, celestial patrona ante Dios de toda la región valenciana. Su fiesta se celebra el 8 de mayo, aunque en la ciudad de Valencia se realiza con grandes solemnidades y festejos el segundo domingo de ese mes.

A las características interesantes de esta devoción se suma que su imagen original en Valencia, de tamaño natural, es de las pocas tallas marianas con el torso plano, diseñada para acomodarse yacente sobre el féretro de los cófrades fallecidos, aunque en fiestas y solemnidades aparecía en posición vertical y con un manto de seda, origen del actual, para disimular esta circunstancia.

En la propia ciudad de Valencia, el domingo 11 de mayo de 1873 el sacerdote Saturnino López Novoa, junto a la Sierva de Dios Teresa de Jesús Jornet e Ibars y nueve hermanas más, fundó la Congregación, coincidiendo con la tradicional celebración valenciana de Nuestra Señora de los Desamparados el segundo domingo de mes. Desde entonces colocaron su objetivo principal (el cuidado de los ancianos desamparados) bajo el patrocinio de esta devoción.

La Virgen de los Desamparados es una devoción mariana poco “popular” entre los cienfuegueros. Empero la celebración de su festejo los 8 de mayo jugó un papel destacado en el sostenimiento del Asilo “Antiguo”, atendido por la Congregación Hermanas de los Ancianos Desamparados. Allí encontraron refugio centenares de ancianos perlasureños sin recursos. Imagen de la Virgen que se saca en procesión en Valencia, España.

Cuba, Cienfuegos, las monjas y la devoción a Nuestra Señora de los Desamparados.

En Cienfuegos, la devoción mariana a la Virgen de los Desamparados no generó grandes y masivas expresiones de religiosidad popular. Tampoco resultó de mucha difusión, incluso entre los creyentes más comprometidos. Su importancia radica en su capacidad de convocatoria a la caridad y a la solidaridad humana. Es la patrona de las religiosas de la Congregación de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, a cuyo cargo estuvieron los dos asilos de ancianos existentes en Cienfuegos desde 1894 hasta 1960. Estos hospicios se convirtieron en centro de propagación de dicha devoción, de la mano de estas piadosas mujeres.

Para ilustrar inserto una frase de la pedagoga cienfueguera Rafaela Avello, escrita en 1944 para describir la labor de esas religiosas en la Perla del Sur: “si no existiera ningún otro testimonio sobre la excelencia y verdad de la religión católica, bastaría con visitar los asilos de ancianos desamparados que sostienen las abnegadas Hermanitas de los Pobres; aquí encontramos pruebas irrefutables del origen divino de las doctrinas predicadas por Jesús Nazareno”.

La obra de servicio sostenido por la Congregación de las Hermanas de los Ancianos Desamparados a la vejez desvalida de Cienfuegos, durante 66 años ininterrumpidos, puede catalogarse como una epopeya por su magnitud, y demencial por su perseverancia a pesar de las muchísimas carencias y dificultades afrontadas en ese período. Foto del Asilo “Antiguo” de principios del siglo XX.

Asomado a la obra de estas profesas y juzgando con pragmatismo (dejando a un lado tanto como puedo la influencia de la fe), califico los 66 años de entrega de estas madres como la más hermosa obra (y demencial por su arrojo), de entre las no pocas realizaciones de este tipo con que se enorgullece la historia perlasureña.

En esta misma línea resulta curioso que la advocación mariana como Nuestra Señora de los Desamparados no tenga su origen en la aparición de una imagen, o en una revelación personal, o en cualquiera de los otros fundamentos más comunes de este tipo de sentimiento piadoso. La devoción fue generada por la propia necesidad del servicio caritativo.

Cuando se acometió la construcción del Asilo “Nicolás Acea” a principios del siglo XX, un cienfueguero piadoso donó el terreno en las proximidades del Asilo “Antiguo”, para que las mismas monjas que atendían éste último trabajaran en el nuevo. De esa forma las Hermanas de los Ancianos Desamparados se encargaron de ambos asilos hasta 1960. Foto del Asilo “Nicolás Acea” inmediatamente después de su fundación. En este edificio, ampliado posteriormente, radica hoy el Hospital Pediátrico de Cienfuegos.

En Cuba la congregación se estableció, por primera vez en América, en 1866. Para 1960 atendían más de una decena de casas distribuidas por todo el país, de las cuales sólo una permaneció bajo la administración de las monjas después del triunfo revolucionario: el asilo “Santovenia” de La Habana. Allí, en mayo de este año 2019 completaron ciento treinta y cuatro años ininterrumpidos de entrega a los ancianos desamparados cubanos.

Foto del artículo de la periodista María Julia Mayoral, aparecido en el diario partidista “Granma”, del 27 de octubre de 1995. En él se describen los trabajos de reparación del Asilo “Santovenia”, el trabajo encomiable de las monjas y la convivencia allí como asilada de la revolucionaria Pastorita Núñez, a quien se recuerda por la construcción de edificios para obreros en toda Cuba con el dinero de la Lotería, en los primeros meses después del triunfo de 1959. Entre otros, continuó el proyecto residencial conocido como “Habana del Este”.

En Cienfuegos estas monjas comenzaron su labor en 1894, estableciendo un asilo en una casa alquilada. Con el tiempo se mudaron a la ubicación definitiva y a partir de los años veinte se hicieron cargo también del Asilo “Nicolás Acea” recién construido, atención continuada en ambos lugares hasta 1960. A partir de la inauguración del segundo, el primer hospicio comenzó a llamarse Asilo “Antiguo”, éste último sostenido con las limosnas recaudadas por las religiosas y organizaciones caritativas.

Así recogió la prensa local en 1917 el acto de colocación de la primera piedra del Asilo “Nicolás Acea”. A partir de su inauguración los dos asilos de ancianos de la ciudad, éste y el Asilo “Antiguo”, fueron atendidos por las monjas de la Congregación de los Ancianos Desamparados.

El carácter profundamente humanitario del trabajo de las religiosas en este lugar convirtió la institución en un referente al cual acudían los colegios y otras instituciones religiosas para celebrar festejos religiosos, siempre vinculados con alguna acción caritativa.

Nota de primera plana dando a conocer la llegada de 14 monjas de la Congregación Hermanas de los Ancianos Desamparados para hacerse cargo del recién construido Asilo “Nicolás Acea”.

A su vez, la Congregación efectuaba sistemáticamente diversas celebraciones piadosas en sus dos sedes, entre las que destaca de manera distintiva el homenaje anual brindado por la Fundación “Nicolás Acea” al benefactor. Durante cuatro décadas se realizó este homenaje en el Asilo “Acea”, a pesar de existir otros sitios posibles, igualmente vinculados al homenajeado.

Especialmente durante la celebración de la fiesta patronal la capilla del Asilo “Antiguo”, hasta los años cuarenta pequeña y calurosa, se veía colmada de fieles, contando entre ellos a no pocos encumbrados benefactores, quienes con humildad compartían banco en esa ocasión con personas de diferentes categorías sociales. La masiva asistencia era motivada por la devoción religiosa y el espíritu solidario, pues el “cepillo” de ese día, de cuantía desacostumbrada, se dedicaba especialmente al sostenimiento del asilo. He encontrado testimonios de gente humilde, apocadas por la pobreza de sus vestimentas, que entregaban su óbolo a la puerta, sin traspasar el umbral, y hacían allí sus devotas peticiones. En la convocatoria a estas celebraciones era costumbre anunciar el otorgamiento de indulgencia plena si se asistía y se cumplía con el sacramento de la Reconciliación.

Los múltiples órganos de prensa escrita y radial de Cienfuegos prestaban desinteresadamente sus antenas y páginas para difundir todas las actividades caritativas para contribuir al sostenimiento del Asilo “Antiguo”. Artículo de la prensa local de 1958, promoviendo un programa de la TV nacional para donar un televisor (entonces un artículo todavía fuera del alcance de muchos), al Asilo “Antiguo”.

La imagen de Nuestra Señora de los Desamparados conservada por las religiosas en el asilo no tenía prácticamente nada en común con la original valenciana ni por sus dimensiones, ni por su estética. La talla era de algo menos de un metro de altura y estaba ataviada con los usuales atributos marianos de la visión apocalíptica de San Juan, sin ninguna característica evidente que la diferenciara.

Con la construcción de la nueva capilla pasó a ocupar el lugar central de un hermoso retablo de madera elevado hasta casi cinco metros de altura que cubría la pared trasera del presbiterio.

Foto del altar de la capilla del Asilo “Antiguo” en los años cincuenta.

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. La devoción.

Imagen de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, donde pueden apreciarse todos sus atributos.

Veamos algunos detalles acerca de la devoción a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Es Patrona de las Hijas de la Caridad, tiene su origen en Francia, como resultado de la visión de la Virgen por una de las religiosas de esa congregación, Santa Catalina Labouré, ocurrida el 27 de noviembre de 1830, fecha señalada a su vez para la celebración de la fiesta patronal. Durante la contemplación la Virgen encomendó a Santa Catalina hacer una medalla semejante a lo que estaba viendo, prometiéndole su protección a las personas que la llevasen. Desde entonces innumerables milagros han sido atribuidos a la fe y cariño a la Virgen por parte de los creyentes portadores de la medalla. La distribución entre los fieles de la Medalla Milagrosa, estampa metálica con la imagen de los signos vistos por Santa Catalina, es una de las características distintivas de los festejos de esta advocación.

La devoción, las monjas, Cuba y Cienfuegos.

Esta devoción pertenece también al grupo de las difundidas en Cienfuegos por congregaciones religiosas, en este caso por las Hermanas de la Caridad, a cargo desde su fundación en los años veinte del Asilo de niñas huérfanas “Anita Fernández”.

Foto del Asilo de nilas huérfanas “Anita Fernández” en el momento de su inauguración en su sede definitiva de la Quinta “Avilés” (1922), en la carretera a Caonao, hoy calle Calzada. Al centro puede verse el monumento a la patriota Anita Fernández.

Un asilo para niñas huérfanas fue el sueño de las Conferencias de San Vicente de Paúl en el siglo XIX, promovido por el párroco Clemente Pereira, comenzado a ejecutar y quedado inconcluso con el final del período colonial. El Asilo “Anita Fernández” se funda en 1925, fruto del proyecto de uno de los principales cultores de la cienfuegueridad, don Pedro Modesto Hernández, promovido por el esfuerzo de un grupo de antiguas alumnas de la destacada patriota, en la casa de veraneo de una de ellas, Teresa Rabassa. Fue trasladado dos años después a su definitiva ubicación en la Quinta “Avilés”. En ese lugar, atendido por las Hijas de la Caridad, se mantuvo hasta 1960.

Las Hijas de la Caridad, a su vez, conforman una congregación religiosa con carisma asistencial, fundada en Francia por el sacerdote San Vicente de Paúl y la Hermana Luisa de Marillac en el siglo XVII. A Cuba llegaron en 1847 para hacerse cargo de las Escuelas de Niñas y Salas de Mendigas de la Real Casa de Beneficencia de La Habana. Para 1960 prestaban sus humanitarios servicios en más de sesenta instituciones de salud y escolares. Especialmente grande es la deuda de los cubanos con estas religiosas por su atención esmerada a los leprosos del hospital de San Lázaro en El Rincón, La Habana. Su permanencia junto a los enfermos de esa instalación en todas las ubicaciones por donde ha transitado venció las pruebas de todo tipo de vicisitudes. Callada y humildemente, los han acompañado y servido hasta hoy, por más de siglo y medio.

Foto de 1906, donde se aprecia parte del hospital de leprosos atendidos por las Hermanas de la Caridad, entonces ubicado en los terrenos aledaños a donde hoy se encuentra el Hospital “Hermanos Amejeiras”, en la calle no por casualidad llamada San Lázaro. Las monjas han completado hasta hoy más de siglo y medio de acompañamiento a los leprosos cubanos.

El Asilo “Anita Fernández” de Cienfuegos devino referente de solidaridad y labor humanitaria para la localidad, convirtiéndose en lugar de celebración de actos de diverso tipo. En el grupo de quienes realizaban en el asilo jornadas de corte humanitario y patriótico se contaban no sólo las asociaciones de la Iglesia, sino incluso entidades de la fecunda vida cívica de la Perla del Sur.

Entre las actividades desarrolladas en el Asilo se encuentran la celebración del Día de Reyes por el Club de Leones de Cienfuegos; visitas de contenido cívico-patriótico por alumnos y maestros de colegios católicos; visitas por autoridades locales de corte humanitario y político, etc.

Así anunció la prensa local en 1936 los cultos religiosos de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en el Asilo “Anita Fernández”. Ese año se celebraron en febrero por encontrarse en reparaciones el asilo en noviembre del año anterior.

En cuanto a Cienfuegos la relación de amor de las Hijas de la Caridad comenzó con su establecimiento como religiosas castrenses a cargo del hospital de sangre del Ejército colonial español durante la guerra de 1895. Ello no les impidió hacerse cargo por humanidad del hospital civil, ubicado a centenares de metros de distancia, y hasta sembrar en nuestro suelo una joven religiosa de su Congregación, víctima de las plagas y difíciles condiciones higiénicas que enfrentaron junto a los enfermos durante los sucesos conocidos como la “Reconcentración de Weyler”. Terminada la contienda se retiraron de la Perla del Sur. Más tarde regresaron, llamadas por el prelado local y los laicos miembros de la Asociación “Anita Fernández”, promotora del establecimiento del hospicio de niñas huérfanas. Como las restantes obras de caridad desarrolladas por la Iglesia en la diócesis, el orfanato se sostuvo de las limosnas, discurriendo por una vida difícil, en ocasiones de gran precariedad.

Aunque las religiosas establecidas en Cienfuegos celebraban muchas de las fiestas del calendario litúrgico (como es habitual en la vida consagrada), la única fiesta con invitación pública era la patronal de la congregación. Los festejos se realizaban con un triduo de culto, finalizado el día de la fiesta con misa solemne, muchas veces celebrada por el propio Obispo de Cienfuegos.

Los espaciosos y cuidados jardines de la ubicación definitiva del Asilo en la Quinta “Avilés” permitieron a las religiosas celebrar una procesión, generalmente el domingo coincidente dentro del triduo, o el propio día de la fiesta patronal. Para los cultos de la patrona las hermanas invitaban a través de la prensa local. Especialmente el día de la peregrinación la participación foránea resultaba extraordinaria, teniendo en cuenta la ubicación del lugar fuera de los límites urbanos y la débil raigambre de la devoción entre los cienfuegueros. En el carácter convocante de los festejos decidían tres factores fundamentales. El primero era la caridad y solidaridad humana que motivaba la visita a un centro de refugio de niñas huérfanas, expresado, además, en la cuantía del óbolo recibido por las hermanas ese día. Por otra parte, el sitio estaba enclavado en el límite de un barrio de obreros portuarios y gente humilde, entre las cuales prendió muy pronto la devoción y la costumbre de acudir a recibir la Medalla Milagrosa que distribuían las religiosas cada año durante los festejos, pidiendo con ese gesto la protección de la Virgen.

Foto del año 2004, de la recién estrenada Escuela de Instructores de Arte, establecida en la sede del Asilo “Anita Fernández”, cuyas instalaciones fueron reparadas y ampliadas para la nueva escuela.

Blog Logo

Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


Publicado

Image

Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

Regresar a la Página Principal