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El especial culto a su ciudad demostrado por los habitantes de Cienfuegos tuvo su primera expresión literaria en el todavía hoy insoslayable compendio de historia de la villa, publicado en 1861 por Enrique Edo Llop. El autor, español de nacimiento y convicción, fue uno de los tantos compatriotas suyos amantes de la villa, razón para poder considerar su texto también como un testimonio del carácter hispano de la cienfuegueridad. Antes, sin embargo, en 1846, el concejal del Ayuntamiento Pedro Oliver y Bravo había publicado un informe histórico-estadístico, primer balbuceo del culto a Cienfuegos, pero sin alcanzar la profundidad del texto de Edo, ni la importancia como expresión de amor a la patria chica o a la nación, conseguido en 1761 por el regidor perpetuo de La Habana, José Félix Martín de Arrate con su “Llave del Nuevo Mundo...”

Facsimil de la primera edición de la “Memoria...” de Enrique Edo (1861), primera expresión literaria de la cienfuegueridad, a los 15 años de introducida la imprenta en la villa. Contrasta con la obra similar habanera “Llave del Nuevo Mundo...” de José Félix Martín de Arrate, escrita en La Habana en 1761, pero publicada sólo en 1830, a 110 años de introducida la imprenta en esa villa.

La “Memoria Histórica...” de Edo, en su primera edición, es un volumen elaborado rápidamente, aunque sobre la base de notas e investigaciones anteriores, escrito de manera orgullosa y agradecida en defensa de una villa que consideraba como propia. La imagen de su amada urbe había sido calumniada por otro español, Ramón de la Sagra, en un libro publicado en París al unísono con el trabajo de Edo. El texto "Historia física, económico-política, intelectual y moral de la Isla de Cuba" de La Sagra, es la relación de su último viaje realizado a Cuba, cuyo itinerario incluyó las cuatro villas más importantes de la zona central y Cienfuegos, todavía no incluida en ese grupo.

La Sagra, polémico intelectual e investigador, llega de visita a Cienfuegos con 60 años de edad, y el nada despreciable aval oficial de haber sido, en los casi cuarenta años de estudiar la Isla, Catedrático de Botánica, Director del Jardín Botánico de La Habana, Miembro Correspondiente de la Academia de París, y Diputado a Cortes. Llevaba más de treinta años elaborando una inconclusa obra enciclopédica sobre la naturaleza de la Isla. También había fundado publicaciones y colaborado en otras. Casi todas sus investigaciones fueron financiadas por el gobierno español, y como “el que paga manda”, era un intelectual oficialista, un convencido integrista, y vaticinaba para Cuba un destino de país subdesarrollado, pueblo "de agricultores o productores de materias primas para la subsistencia física y social de la especie humana, la otra [los países de regiones frías como la metrópoli España] para ser manufacturera o transformadora de aquellos productos artificiales necesarios en el estado actual de las sociedades para la vida de los pueblos civilizados".

Ramón de la Sagra Periz (1798-1871). Investigador oficialista español, con una abundante obra sobre Cuba alrededor de los más variados temas. Convivió con los representantes de la generación que por primera vez formuló la cubanidad en las más disímiles aristas, con algunos de los cuales polemizó, siempre en detrimento suyo (Félix Varela, Felipe Poey, José Antonio Saco, etc.

Para redondear la imagen personal de Ramón de la Sagra, recordemos sostuvo polémicas públicas con alumnos de Félix Varela como, Cayetano Sanfeliú, Felipe Poey y José Antonio Saco. De todas, la más “sonada” la sostuvo con éste último, comenzada en 1828 cuando, desde la revista “Anales de las Ciencias, artes, agricultura y comercio” de la que era redactor, en ocasión de la publicación de la poesía de José María Heredia, describió a ese escritor como “un muchacho principiante a quien otros de igual clase tienen por poeta”, presentándose como el hombre de la superior cultura sobre estos "colonizados", haciendo gala de su desprecio hacia ellos. Se refería a Félix Varela, condenado a muerte por el Rey de España y obligado a vivir exiliado en Estados Unidos, y a José Antonio Saco, compulsado a abandonar su país por sus ideas reformistas, también en norteamérica. En contraste, el “oficialista” La Sagra era remunerado en su acogedora Habana por escribir tonterías de quien hoy es reconocido como uno de los mejores representantes del romanticismo americano. Casi cuatro décadas después, cuando Jacobo de la Pezuela publicó el cuarto tomo de su antológico “Diccionario...”, describió el resultado del encontronazo en honor de Saco y detrimento de La Sagra, de quien expresó "no había medido la pujanza de su adversario".

Ese La Sagra llega a Cienfuegos en la primavera de 1860, y después de una breve estancia describió así la vida en la villa: “para el mayor número de aquellos habitantes, se pasa entre la llegada de los bocoyes de azúcar y el embarques de los bocoyes de azúcar; por lo cual [...] que él Dios Bocoy era la divinidad adorada en Cienfuegos”. La infundada apreciasión no fue sólo con la Perla del Sur (para entonces ya se le conocía por ese sobrenombre en Cuba). También describe la vida intelectual en Trinidad como “un triste cuadro”, y con similar superficialidad y desprecio se refirió a Sancti Spíritus y Remedios. Lo escrito sobre la villa de Cienfuegos no fue por desconocimiento. En 1831 ya había escrito: “siempre debe considerarse [se refiere a la Colonia Fernandina de Jagua] como uno de los puntos más ventajosos de la Isla donde pueden establecerse los colonos”.

Veamos algunos detalles para evidenciar la mediocridad de los juicios de La Sagra sobre Cienfuegos. La villa estaba en sus infantiles cuarenta primeros años. A pesar de ello, ya había tenido un teatro durante años (desapareció por un incendio), y en en el momento de la visita tenían otro muy modesto arquitectónicamente, recién construido por Luis Martínez Casado (familia que dio lustre a las artes escénicas en la ciudad, y en Cuba), inaugurado precisamente con una obra de la compañera de viaje de La Sagra, Gertrudis Gómez de Avellaneda. En su honor el modesto coliseo fue bautizado con su nombre. Dicha obra había sido recientemente estrenada en las Cortes de España, y ahora era presentada en un minúsculo pueblo, en la otra orilla del océano, por un elenco donde sumaban muchos aficionados residentes (téngase en cuenta las condiciones de transporte e impresión de la época, y se comprenderá el tesón de ese grupo de artistas).

Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), escritora y poetisa romántica cubano-española, quien alcanzó fama en la Madre Patria. Fue compañera de viaje de La Sagra desde La Habana a Cienfuegos, a donde viajaba para reunirse con su esposo, entones Teniente Gobernador de esa villa. El teatro que fue bautizado con su nombre se inauguró precisamente coincidiendo con su llegada, cuando un grupo de artistas cienfuegueros, muchos de ellos aficionados, pusieron en escena una sus obras, entonces de moda en las Cortes españolas.

Por si fuera poco, a sus jóvenes cuarenta años ya la Perla del Sur tenía dos périódicos, de los cuales, equivocándose de nuevo, La Sagra sólo mencionó uno, dando otra muestra más de mediocridad. Precisamente desde uno de ellos. por esa época, se publicaban las primeras muestras de prensa política en la ciudad, por la pluma del joven periodista Antonio José Hurtado del Valle, amigo personal de Edo, devenido después indepedentista, muerto en la manigua redentora. En las páginas de esas publicaciones, y desde las dos imprentas existentes, se daban a conocer los trabajos de poetisas como Adela Sainz de la Peña, y Clotilde Rodríguez, por sólo mencionar dos ejemplos.

Ejemplar del períodico “El Telégrafo” de 1867, diario continuador del primer periódico fundado en Cienfuegos “Hoja Económica” (1846), por lo que  se encontraba en su AÑO XXII como puede verse en el encabezamiento. En el momento de la visita estaba dirigido por el propio Enrique Edo. Éste fue el “único periódico” que se publicaba en Cienfuegos según La Sagra. Ejemplar de 1866 del períodico “El Fomento”. En el encabezamiento puede verse se encontraba en su año XI. Por demás, desde comienzos del año 1861, cuando La Sagra visita Cienfuegos, había recibido el nombramiento de diario oficial del gobierno de la jurisdicción, se comenzó a publicar de mayores dimensiones, y estaba dirigido por el poeta Antonio José Hurtado del Valle, quien en sus páginas publicó los primeros trabajos de periodismo político en la ciudad. Aún así no consiguió llamar la atención de la mediocre observación de La Sagra.

Ante tanta calumnia proferida, los principales cultores de la cienfuegueridad en la ciudad ni siquiera esperaron a tener el libro de La Sagra en la mano. Con el testimonio sobre lo escrito, oído de los viajeros que constantemente accedían a la cosmopolita Cienfuegos, fue suficiente. El dinero recopilado en breve tiempo permitió a Edo velozmente terminar de escribir e imprimir una respuesta fundamentada de más de 300 páginas en la imprenta del diario “El Telégrafo”, donde trabajaba. En esos folios nada sobra, hasta un listado de tres páginas incluyó con las 33 obras publicadas en Cienfuegos entre 1846 (primera imprenta en la villa), y 1861 (publicación de la primera edición).

Enrique Edo Llop (1837-1913). Foto de principios del siglo XX, tomada en fecha cercana a su muerte.

Hoy, con el nivel de conocimientos y tecnología actuales, podemos juzgar el texto como “positivista”, “elitista” (carga las tintas en los sucesos donde las clases gobernantes son protagonistas), y un amplio etcétera más. Nada de eso, sin embargo, empaña un ápice de su valor como huella imperecedera de cienfuegueridad, del carácter hispano de ese sentimiento, y del amor que su autor profesaba por Cienfuegos, a donde regresó después de la independencia, para morir tranquilamente en 1913.

En 1888 los cienfuegueros amantes de su ciudad encontraron tiempo y dinero para permitirle a Edo actualizar su “Memoria...” con la historia de los años transcurridos e imprimirla. En 1912 nuevamente lo apoyan para imprimir una corta tirada de la última versión. En 1943, revisada y editada por uno de los más destacados cultores de la cienfuegueridad foráneos, se volvió a publicar la edición de 1888, con prólogo del destacado intelectual holguinero Enrique Gay Calbó.

El genial “Benny” Moré, inmortalizado en bronce de cuerpo entero en el céntrico Prado cienfueguero, es asediado diariamente por centenares de perlasureños y turistas, aunque no vivió un solo día en esta ciudad. En 1921 los cienfuegueros encontraron tiempo y dinero para erigir un busto de Edo sobre pedestal a escasos metros de aquél, pero su monumento no es visitado siquiera por los estudiantes. Ese estado de cosas al arribar al bicentenario de la villa no es una cienfuegueridad de “nuevo tipo”, es, sencillamente, la cienfuegueridad en crisis.

A la izquierda busto sobre pedestal de Enrique Edo Llop en el Prado cienfueguero, desconocido y languideciendo por falta de visitantes. A la derecha, el genial “Benny” Moré, de bronce en cuerpo entero a escasos metros de aquél, popular, imagen ideal para vender a turistas y paseantes. En fin, la cienfuegueridad en crisis.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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