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Índice

  1. La denuncia cívica y los esbirros de siempre
  2. Sergio Carbó, por Heriberto Palenque, (1949)
  3. Otros tema que quizás te interesen

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La denuncia cívica y los esbirros de siempre

El denuncia cívica en los medios de comunicación ha estado siempre en conflicto con cuanto gobernante con ínfulas totalitarias ha padecido Cuba hasta hoy (especialmente si se hace con humor). Considerar la represión de los esbirros actuales sobre los medios de la prensa no oficialista y sus representantes como algo desconectado del pasado es un error. En realidad nuestro actual Presidente tiene razón: #somoscontinuidad. Un ejemplo destacado entre los periodistas criollos que han disfrutado la censura y la represión gubernamental fue el abogado, político y periodista Sergio Carbó Morera.

A pesar del lugar donde la historiografía y los medios oficiales actuales lo han ubicado (o desaparecido o descalificado a ultranza), Carbó es una de las figuras sin las cuales no puede escribirse la historia de la prensa criolla, durante los primeros más de ciento cincuenta años de existencia entre nosotros de ese arte. Su estilo ágil, sintético y pulido puedes enjuiciarlo por el artículo "El periodismo es una profesión intelectual". Para valorar su papel en la prensa cubana, mejor preguntar la opinión de uno de sus contemporáneos. Transcribo literalmente a continuación el texto del periodista cienfueguero Heriberto Palenque Díaz de Villegas, publicado en la prensa local en enero de 1949, cuando la labor periodística de Carbó en Cuba sumaba tres décadas y media, y aún le quedaba todavía una década más de periodismo antes de marchar al exilio. Datos sobre la obra de Carbó Morera puedes consultarlos en el artículo relativo a la prensa y el giro al marxismo de la revolución cubana, en este mismo sitio.

Los hermanos Agustín y Heriberto Palenque Díaz de Villegas trabajaron en las publicaciones periódicas cienfuegueras, aunque el último de ellos fuera el de mayor trayectoria cronológica y más depurada, sólida e influyente obra periodística. Heriberto comenzó en la letra impresa a principios de los veintes del siglo pasado. Se destacó fundamentalmente por sus análisis políticos de la situación nacional y por los temas culturales y humanistas, tratados con satisfactoria profundidad. Suponer en su calidad de periodista "de provincia" no estaría muy enterado del trabajo de sus colegas de la capital, es una equivocación. La prensa cienfueguera tenía tal vitalidad y calidad, que sus periodistas mantenían relaciones estrechas con los medios habaneros de tirada nacional. Muchos de ellos fueron corresponsales de dichos rotativos, y la mayoría, en mayor o menor medida, publicó con sistematicidad en esos periódicos y revistas (particularmente Heriberto). Además de estar al tanto de la labor de la prensa cubana en general, para 1949 él conocía personalmente a Carbó de sus visitas a Cienfuegos, y seguía su quehacer con frecuentes menciones en sus escritos.

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Sergio Carbó, por Heriberto Palenque,(1949)

Dos de los más grandes aciertos del periodismo cubano han sido "La Semana" y "Prensa Libre". Ambos se deben a la capacidad de trabajo y el talento de Sergio Carbó.

El hecho de que sean tantos y tan repetidos los fracasos de los que se lanzan a la aventura de fundar periódicos, evidencia hasta qué grado se desconoce en Cuba, aún por los más avisados, lo que en verdad es la tarea de fundar, organizar y afirmar una publicación.

Cualquiera se dice: con una población de cinco millones debe ser fácil, debe ser cosa de coser y cantar, obtener una circulación inicial de 20 ó 25 mil ejemplares, con los cual estén asegurados los primeros pasos. En la práctica se constata de inmediato todo lo que hay de ilusorio en esa idea. Miles de pesos se han volatilizado así, en esos empeños periodísticos que se realizan sin que apenas el público se de por enterado y que se frustran en silencio.

Grandes fortunas se han dilapidado en tales aventuras. Y allí donde el dinero no ha sido capaz de abrir el camino al éxito, el talento, desquitándose de tantas derrotas, se ha bastado por sí solo para facilitar la victoria.

"La Semana" tuvo unos comienzos modestos. Era más o menos como tantas otras publicaciones que nacieron, vivieron y murieron sin penas ni glorias y mucho menos que otras empresas llenas de pretensiones y echadas a andar con tan ambiciosos planes como con tan escaso sentido de la realidad.

El semanario de Carbó se abrió paso rápidamente hacia el triunfo y la consagración. Sus tiradas establecieron nuevos records en el periodismo nacional. ¿Porque hacía oposición simplemente? Otras publicaciones habían surgido antes y surgieron después amparadas en la bandera de la oposición y ninguna alcanzó el éxito de "La Semana". Si bastara solamente la disposición de halagar a las masas avivando sus pasiones políticas para triunfar rotundamente en el periodismo, cualquier demagogo pelagatos sería un Pulitzer. El público, sin embargo, desea algo más de lo que suponen aquellos que lo adulan para conquistarse su apoyo.

"La Semana" creó un estilo de humorismo criollo más depurado. La sátira política se vistió de nuevos ropaje. Lo popular halló nuevas formas de expresión, más finas. El fracaso de muchos escritores se debe a que estiman que, por el hecho de que el público desea se le hable en un lenguaje claro, sencillo, asimilable, hay que caer forzosamente en la populachería, cuando lo cierto es que el hombre de la calle prefiere a todo el que logra evadirse de la vulgaridad, siempre que pueda entenderlo, naturalmente. Si no fuera así no triunfarían, como sucede invariablemente, los espíritus más finos, ya que nadie se tomaría el trabajo de escribir para los escasos grupos de gentes cultivadas.

Los 125 mil ejemplares que llegó a lanzar "La Semana" fueron el resultado del esfuerzo creador de Carbó. Su labor oposicionista, su coraje personal, sus panfletos contra la tiranía fueron factores determinantes en ese triunfo, pero no los únicos. Fundamentalmente, su éxito descansó en su capacidad periodística, en su intuición admirable, en su habilidad para desentrañar las secretas apetencias del público, en su excelente don de mando. Carbó supo rodearse de los mejores colaboradores, gracias a su aptitud para determinar el valor de cada uno.

Innovador audaz, hombre de iniciativas propias, nadando siempre contra la corriente, volvió a apartarse del camino trillado cuando fundó "Prensa Libre". No era casualidad que coincidiera nuevamente con el gusto del público, que le diera al público lo que justamente éste esperaba. Todos sabían que se quería un periódico político, pero sin dependencias ni banderas, sin compromisos. Todos sabían igualmente que se deseaba un periódico ágil, vibrante, fácil de leer. Todos sabían, pero pocos sabían cómo hacerlo. Carbó lo hizo, aventurándose una vez más en lo arriesgado. Y le dio al pueblo, como hizo con "La Semana", lo que el pueblo pedía.

Pero, un periódico para el pueblo no es un periódico populachero. Lo que hay de popular en "Prensa Libre", es su poder de síntesis, su originalidad, su presentación colorinesca y tipográficamente excéntrica. Todo esto es, sin embargo, lo ornamental, lo accesorio. En el fondo es una de las tribunas periodísticas más serias y responsables que se han levantado en Cuba, por la que desfilan a diario los valores más destacados de la prensa nacional. Su director es un panfletario, cáustico, demoledor, muchas veces implacable, pero no hay en sus escritos ni una huella de vulgaridad. Por el contrario, a través de sus ataques, de sus fustigaciones, se adivina al hombre sensible, al hombre culto en todo lo que tiene de verdadera significación el término cultura. El sub director es Miguel de Marcos, el primero y el más fino de nuestros humoristas y -para mí, por lo menos- triunfa una vez más lo ligero, lo ameno, lo agradable del espíritu criollo, tan distinto a lo chabacano que muchos pretenden verle.

Afirmando el éxito sobre la base de su independencia, Carbó se ha mantenido irreductible en esa trinchera, rechazando las ofertas de posiciones políticas de aquellos que, adulándole cuando se hayan en la oposición, le temen y tratan de neutralizarlo cuando ascienden al poder.

Sergio Carbó es una de las primeras figuras del periodismo nacional. Sus hechos llenan todo un capítulo, uno de los más brillantes capítulos en la historia de nuestra prensa. Aparte de sus condiciones personales, de su coraje, de su civismo, de su incesante batalla por la justicia y el decoro humano, ha sido un periodista de cuerpo entero, un maestro de la profesión, más creador que teórico, a cuya inteligencia hay que acreditar en considerable extensión el grado de adelanto alcanzado por el diarismo criollo.

Muy merecido, por tanto; muy justificado y muy oportuno, es el homenaje que sus compañeros le rendirán.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

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