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Siglo XIX.

Cuando caiga la hoja 29 del calendario de este Junio, habrá pasado sin penas ni glorias el aniversario septuegésimo quinto (75) de fallecido el músico cienfueguero Agustín Sánchez Planas (Cienfuegos 1860-Ídem 1944). Negro en una españolísima ciudad, tuvo, sin embargo, una carrera ascendente. Más importante aún, disfrutó del reconocimiento de sus conterráneos. Dedicó toda su vida a la difusión de la música y a la elevación del gusto estético de los cienfuegueros, sobre todo de las capas más humildes. Fue, además, un destacado cultor de su ciudad natal, así como un importante líder social con una significativa obra cívica en su aval personal.

Hoy, acostumbrados a nuestra vida digitalizada y conectada a Internet, disfrutamos instantáneamente la música preferida en el momento deseado. Con todo este entretenimiento tecnológico a nuestra disposición, resulta difícil para el cienfueguero actual aquilatar la verdadera dimensión de la labor musical de este compositor, intérprete, profesor y director de orquesta. Para justipreciar esa obra, contextualicemos brevemente cómo llegaba la música a un cienfueguero común, nacido en la segunda mitad del decimonónico y fallecido en la primera del siglo XX.

Foto de principios del siglo XX del maestro Agustín Sánchez Planas.

Ilustremos con un ejemplo. En 1892, cuando ya Sánchez había fundado y dirigido tres orquestas en Cienfuegos, la Sociedad “El Liceo”, entonces en su nuevo edificio de San Carlos y Santa Isabel, promovió entre sus afiliados el disfrute de un fonógrafo, evidentemente comprado dos años antes a John Smith, representante comercial de Thomas Edison, quien realizó una gira por la región. Hasta donde conozco, para esa época éste era el único ejemplar en la ciudad. Si sumamos la dificultad para comprar los “barriles” (cilindros donde se “esculpía” el sonido), así como el alto precio y lo difícil de su conservación, probablemente dispondrían de menos de una decena de obras musicales de 2-3 minutos de duración cada una, que se repetirían una y otra vez. Para la época, aún así, constituía una novedad.

Primeros anuncios en la prensa local de 1921 promoviendo las ventas de las “victrolas” y discos planos, en particular las interpretaciones de “Eusebito” Delfín, como se le conocía a ese cantautor cienfueguero en la ciudad.

El cienfueguero común durante el primer siglo de la ciudad, hasta los años veinte, cuando comenzó la venta de las prohibitivas “ortofónicas” de disco plano, sólo escuchó música en el momento de su interpretación. Parte de esa música era popular, ejecutada por músicos “de oido”, como sucedía con la mayoría de los “guateques” campesinos. De otro lado, disfrutaban la ejecución de músicos “de atril”, sólo en los teatros (quienes podían pagar aunque fuera el “gallinero”); en las celebraciones católicas; o los días de exámenes y fiestas de los numerosos conservatorios de Cienfuegos, muchos de los cuales abrían las amplias ventanas coloniales para el goce de todos desde la acera. Sin embargo, la única opción asegurada a los más humildes eran las retretas públicas de las bandas de música institucionales de esa primera centuria, dirigidas por maestros versados, verdaderas escuelas donde se formaron músicos empíricos. De ahí la importancia de esas agrupaciones musicales para la divulgación, enseñanza y desarrollo del gusto estético por la música entre las capas menos favorecidas.

Los conciertos públicos de las bandas de música institucionales fueron la mejor y casi única posibilidad de escuchar música “de atril” que tuvieron las clases más humildes durante el primer siglo de existencia de la ciudad. Foto de la prensa local de 1926, dando a conocer la formación de la Banda del Cuerpo de Bomberos.

Sánchez Planas recibió una sólida formación musical de su maestro, el destacado pianista José Manuel Jiménez, conocido como “Lico Jiménez”, también negro. Jiménez se estableció en Cienfuegos en el período entre ambas guerras de independencia y sostuvo un conservatorio durante 15 años. Antes, acompañado por su padre y hermanos, había recibido enseñanza musical en Europa, donde triunfaron interpretando fundamentalmente música de cámara en un formato prácticamente “familiar”.

A sus jóvenes 19 años, organizó una orquesta típica en unión con el maestro Antonio Palmira. A la muerte de éste, Sánchez queda como director único. Esta agrupación estuvo entre las más solicitadas en la localidad para amenizar bailables y otras actividades de las numerosas sociedades cienfuegueras, manteniéndose en activo hasta 1910, por el nada despreciable período de más de 30 años.

El importante papel de Sánchez Planas en la organización y fundación de bandas de música en Cienfuegos comenzó en el siglo decimonónico, con la organización y fundación en 1887 de la Banda de Música de la Infantería de Marina, en la cual permaneció durante una década. Poco después, en 1896, con cien pesos contribuidos por el Ayuntamiento y el aporte de los comerciantes cienfuegueros, Agustín organizó una banda para ofrecer conciertos en lo que hoy conocemos como Parque "Martí". Éste es el origen real de lo que después se reconoció como Banda Municipal de Música “fundada” en 1901 (según reconocen los historiadores). Lo cierto es que se trataba prácticamente de los mismos músicos y de un poco más de reconocimiento oficial e institucional.

Foto de Sánchez Planas a principio del siglo XX, enfundado en su uniforme de la Banda de Música del Cuerpo de Bomberos.

De esa forma, como cualquier músico de la época, se sostuvo durante los más de veinte años de servicio en el siglo XIX, trabajando simultaneamente en más de una orquesta, recibiendo por cada uno de esos trabajos una paga ínfima. Lo socialmente valioso de esa labor, es el tiempo dedicado a las bandas institucionales, cuyos conciertos públicos fueron la opción más acequible a los pobres de escuchar música “de atril”, cubana, española y de lo más conocido del repertorio internacional.

Su participación en bandas institucionales relacionadas con el gobierno colonial, no impidió su colaboración patriótica con la gesta independentistas. Perteneció a varios clubes revolucionarios, prestando su concurso a las fuerzas del Ejército Libertador que operaba en la región de Cienfuegos.

Siglo XX.

Comienzo la vigésima centuria recordando que, significativamente, en 1901 los directores fundadores de las Bandas Municipales de Cienfuegos y de La Habana (entonces se llamaba Banda de la Policía de esa ciudad) eran ambos cienfuegueros, formados en su juventud por el mismo maestro y en el mismo ambiente musical perlasureño. Nada mejor para ilustrar la calidad y dinamismo de ese medio socio-musical y de sus músicos.

El destacado músico cienfueguero Guillermo Tomás Bouffartique estudió en el mismo ambiente musical y con el mismo maestro de Agustín Sánchez Planas. Foto de la prensa local en 1930, describiendo una de sus conferencias en ocasión de su visita a la ciudad.

La “oficialización” en 1901, dicho más exactamente que fundación, de la Banda Municipal de Música, permitió a Sánchez lograr con esa orquesta resultados encomiables. Para comenzar, la realización semanal de conciertos públicos o retretas en el Parque Martí, llegando a duplicar el número de presentaciones en algunos períodos, por ejemplo, después de la inauguaración en 1925 de la glorieta existente donde entonces terminaba el Prado (Prado y Camposmanes), convertida en “sub sede” de la agrupación. Agustín se mantuvo al frente de la Banda hasta 1924 cuando, ya con 64 años de edad, se jubió, aunque la dirigió otras muchas veces, prácticamente hasta su muerte, sobre todo en momentos de crisis de la Banda. El trabajo desarrollado por el Maestro Sánchez transcribiendo las partituras de las obras a interpretar por la Banda, tanto las extranjeras y nacionales como las de autores cienfuegueros, para orquestar las obras en el formato de banda, fue sencillamente colosal. Sin esa contribución personal la Banda no hubieran podido sostener un repertorio variado y de excelente gusto estético.

La Banda Municipal de Música de Cienfuegos fue una institución querida y seguida por los perlasureños. Foto de la prensa local en 1916, donde se cuestiona la autoridad del Alcalde para usar la Banda en fiestas privadas.

Llevó la Banda Municipal a niveles de excelencia. Con ella ganó el segundo premio en el concurso de bandas celebrados en La Habana en 1902, aunque la habanera revista “La Nación ilustrada” opinara que “en realidad, según opinión de profesionales y del público, mereció el primer premio”. Otra vez la importancia del ambiente musical cienfueguero del decimonónico: las bandas ocupantes de los dos primeros lugares eran fundadas y dirigidas por músicos nacidos y formados en Cienfuegos. Nuevamente en 1908 se repitió el mismo resultado en ese propio concurso, repitiéndose la dupla de cienfuegueros al frente de las dos mejores bandas de Cuba. Una extensa cadena de lauros durante los más de veinte años que el Maestro dirigió la Banda testimonian su permanencia entre las primeras de Cuba.

Así reconocía, a página completa, la trayectoria del músico negro Agustín Sánchez Planas la cienfueguera revista “Castalia” en 1923. En el mismo número se reconocía la labor de otros artistas blancos como Arquímides Pous, o políticos como Pedro Antonio Aragonés.

Mientras el Maestro Sánchez dirigió la Banda Municipal de Música, mantuvo un estrecho vínculo con el público. En la foto de arriba un sector de la prensa local reproduciendo la solicitud de incluir en el programa de la próxima retreta el danzón “Nena”, de la joven cienfueguera Marieta Guerra Morales. Debajo, siete días después, el agradecimiento a Sánchez por haberlo interpretado. Entre ambas fechas medió un considerable trabajo de escritura de las partituras y orquestación. Sin este esfuerzo de la Banda por dar a conocer obras de la autoría de compositores locales, probablemente muchos de ellos hubieran permanecido en el olvido.

Otra arista del magisterio de Sánchez, además de su trabajo para elevar la calidad de los músicos de las orquesta que dirigió, fue su preocupación por la enseñanza musical de los niños de familias pobres, especialmente de los niños negros. Para ello, en octubre de 1906, logra un viejo anhelo de varios concejales cienfuegueros: con una ínfima ayuda del Ayuntamiento de Cienfuegos, fundó una escuela municipal de música, donde recibió de entre los niños pobres, aquellos vencedores de los exámenes de aptitud.

Sector de la prensa local de 1910. Así se anunciaba regularmente el programa de la retreta semanal de la Banda Municipal de Música dirigida por el Maestro Agustín. En los períodos donde esa frecuencia se duplicó, se anunciaban ambos conciertos.

Más allá de la música.

La impronta del Maestro Sánchez en Cienfuegos incluyó otras esferas, fuera del ambiente musical. Fue, además, un dinámico miembro de la rica sociedad cívica perlasureña. Aún sin República, pero ya todos los cubanos iguales ante la Ley, fundó en 1899 la sociedad de instrucción y recreo para negros “Minerva”, dotándola sucesivamente de nuevos y más amplios locales, hasta inaugurar el inmueble definitivo en la calle Argüelles en 1922, haciéndolo coincidir con el 103 en el aniversario de la fundación de la ciudad.

Foto del edificio definitivo de la Sociedad Minerva el día de su inauguración, el 22 de abril de 1922.

Fue Agustín, además, un destacado masón. Alcanzó el grado 32, el previo al máximo honor otorgado por esa fraternidad. Como resultado de su vida fraternal, el Maestro alcanzó de modo autodidacta una cultura que asombraba a quienes lo conocían y sabían que había terminado escasamente la enseñanza secundaria.

Sánchez Planas dirigió durante años la sección de música del Ateneo de Cienfuegos, motor impulsor de la cultura en nuestra ciudad en las cuatro décadas anteriores al triunfo revolucionario. En el transcurso de su mandato realizó múltiples actividades con los coros infantiles de las escuelas públicas de la ciudad, y hasta llegó a crear una orquesta sinfónica en 1938, lamentablemente de corta duración por falta de financiamiento, aunque alcanzó a realizar numerosos y exitosos conciertos en Cienfuegos y fuera de la localidad.

Homenajes después del ocaso.

Así reflejó la prensa local su fallecimiento en 1944.

Un año después de su muerte, como parte de los festejos por el 126 aniversario de la ciudad, el Ateneo de Cienfuegos develó un retrato de Sánchez dentro de la galería de destacados ateneístas fallecidos. Ocho años después, en 1953 y dentro de los festejos por el 134 aniversario de la ciudad, nuevamente el Ateneo de Cienfuegos, esta vez de conjunto con la Sociedad “Minerva”, le rindió público tributo al Maestro. El lugar fue la entrañable para él glorieta del Parque Martí, escenario de sus triunfos con la Banda Municipal. Después del panegírico, a cargo del Presidente del Ateneo Dr. Bienvenido Rumbaut, se develó una tarja de bronce sobre los muros de la propia glorieta, en recordación del acontecimiento.

En 1986, después de decenios de destrucción de nuestras tradiciones locales, apenas a escasos meses de la fundación del Museo Provincial, Florentino Morales dedicó el habitual espacio diario “Figuras estelares” de esa institución, a homenajear al destacado músico, ateneísta, promotor social y masón Agustín Sánchez Planas. Para ello escogió el caluroso día de junio coincidente con su fallecimiento.

De qué sirven estas letras.

Estas ideas han sido recopiladas y expresadas con dos objetivos. Primero homenajear a éste destacado cultor de la cienfuegueridad, absolutamente desconocido por la mayoría de los cienfuegueros. El segundo es poner en evidencia el clientelismo político según el cual se celebran las tradiciones e historia de nuestra ciudad.

A sesenta y siete años de la colocación del retrato de Sánchez en la galería de honor del Ateneo de Cienfuegos, los salones de “los altos del Terry”, como se les conoció siempre y donde radicó los últimos veinte años anteriores a 1959 el Ateneo, fueron recuperados en 2011 para el disfrute de los perlasureños. La sala hasta fue nombrada acertadamente “Ateneo”, vinculando el nombre, esta vez erróneamente, mostrando desconocimiento total de las tradiciones, al destacado hombre del teatro cubano Armando Suárez del Villar (más sobre el tema aquí mismo http://cienfuegosdecuba.com/historia/ateneo). Allí se ubicó la sede de la peña del destacado cantautor y cultor de la cienfuegueridad Lázaro García. Para aclarar algunos “entuertos” publicados en la televisión local en ocasión de su inauguración, fui amablemente invitado por Lázaro a exponerlos dentro de su peña. En esa oportunidad el entonces administrador del Teatro “Tomás Terry” me comentó deseaba identificar los cuadros conservados de las personalidades del Ateneo, para engalanar nuevamente las paredes de la sala con la galería de honor tradicional. Le ofrecí mi incondicional disposición a colaborar, sin remuneración, pero con una condición: la ayuda comenzaría a partir de que él tuviera la autorización de su jefe para reponer la galería. La llamada nunca llegó, las paredes permanecen lisas, y nunca más se habló del asunto.

Teatro “Tomás Terry”, cuya segunda planta fue sede del Ateneo de Cienfuegos durante los veinte años anteriores a 1959. En sus paredes exhibía una galería con cuadros y fotos de los ateneístas más destacados, entre ellos un retrato de Sánchez Planas. Hoy la galería se conserva oculta en algún local del teatro y sus paredes permanecen lisas.

La tarja de bronce colocada en memoria de Sánchez Planas en los muros de su entrañable glorieta de Cienfuegos, fue derribada por manos “revolucionarias” durante el período de destrucción de nuestras traduiciones locales. Hasta donde conozco, no se ha hecho esfuerzo alguno para reponerla (si no ha sido usada ya como materia prima).

Glorieta del Parque “Martí”, sitio entrañable para Agustín, lugar habitual de las retretas semanales de la Banda Municipal de Música. En sus muros se colocó una tarja de bronce en memoria del Maestro Sánchez, retirada de allí por manos “revolucionarias”.

El nombre del negro Agustín Sánchez Planas permanece enterrado, mientras el del genial Benny Moré ha sido inmortalizado en bronce, a pesar de no haber vivido un solo día en esta ciudad (más sobre el tema aquí mismo http://www.cienfuegosdecuba.com/historia/hacia-bicentenario). La Sociedad “Minerva” es sede de un club de personas de la tercera edad amantes de nuestro agonizante baile nacional (el danzón), y cuando se menciona por los historiadores contemporáneos dicha sociedad, es para ilustrar la discriminación racial de entonces. Esa visión está absolutamente descontextualizada. Obedece al clientelismo político más directo y burdo, para demostrar que “cualquier tiempo pasado siempre fue peor”.

El verdadero rescate de nuestra cienfuegueridad pasa, necesariamente, por la difusión y homenaje del negro Agustín y de tantos otros personajes “vetados” por la inconveniencia al tratar esos temas y figuras. Su incorporación al acervo de los cienfuegueros permitirá dejar a un lado la cienfuegueridad actual “de nuevo tipo”, supeditada a la ideología en el poder, y regresar al culto a la ciudad tradicional desplegado por esta comunidad local durante los 140 primeros años de su existencia. Claro está, los cuestionamientos del presente surgirán como parte del “paquete”.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

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