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Nicolás Salvador Acea de los Ríos (Nueva Paz, La Habana, 1829-Cienfuegos, 1904). Grabado publicado en la prensa local en 1944.

La versión oficial.

La mención del legado de la familia Acea a Cienfuegos en los medios de comunicación y la historiografía, ha sido en las últimas décadas víctima del clientelismo político. A ese legado, en la parte correspondiente a los inmuebles, se deben el Cementerio “Tomás Acea”, los colegios de “San Lorenzo” (de oficios para varones) y “Santo Tomás” (para niñas, enseñaba labores del hogar), y el asilo de ancianos “Acea” (hoy parte del Hospital Pediátrico). El capital monetario del legado incluyó también buena parte de la manutención durante más de tres décadas del cementerio y de los dos colegios mencionados (en ese período, a fuerza de exigencia popular, ambos colegios recibieron algunas ayudas estatales).

Si visitas el cementerio “Tomás Acea” de Cienfuegos, por el valor de un CUC para los extranjeros y gratis para los cubanos, te explicarán cómo en esta obra de arte encontrarás múltiples testimonios de las desigualdades vividas por los cubanos hasta 1959, así como del robo de los fondos destinados al mismo hasta igual fecha. En el caso de los dos colegios, lo más descollante para los historiadores actuales fue el hecho de haber sido uno de los últimos bastiones sostenidos por los rebeldes durante la sublevación popular del cinco de septiembre de 1957. Si se menciona la labor educacional será para denigrarla y compararla con los estándares actuales. Acerca del asilo... no, sobre el asilo sencillamente no se habla.

De esa forma se omite olímpicamente la profunda humanidad y amor por su ciudad del español Nicolás Acea de los Ríos y de la canaria Francisca Tostes García, su esposa, al regalar a la Perla del Sur un capital valorado en la época en varios centenares de miles de dólares. Se deja al olvido la intención de los obsequiantes al donar: favorecer a las clases más pobres, con un asilo de ancianos desamparados, un monumental cementerio donde los pobres serían enterrados de forma gratuita, y dos excelentes centros de enseñanza con capacidad de hasta 200 alumnos cada uno, para enseñar a niñas y niños de familias desfavorecidas un empleo. Por último, se hunde en el descrédito una de las labores caritativas más participativas, convocantes y hermosas entre las muchas con que se enorgullecieron los cienfuegueros durante años.

El Asilo de Ancianos Desamparados “Nicolás Acea”: una obra de amor.

Imagen de 1922. El Asilo “Nicolás Acea” recién construido.

El Asilo de Ancianos Desamparados (inaugurado en 1922), es la primera de tres monumentales obras debidas al legado Acea-Tostes.

El primer asilo de ancianos de Cienfuegos llegó en 1894, de la mano de unas religiosas dementes de la Congregación de los Ancianos Desamparados, quienes se atrevieron a hacerse cargo de ese servicio con una mezquina ayuda del Ayuntamiento y un inmenso apoyo de los cienfuegueros. Con el República se mantuvo igual de anodina la ayuda del Consistorio. Al paso de los años el esfuerzo de las monjas no sólo se enfocó en ofrecer amor y ayuda profesional a los ancianos pobres, también terminaron las instalaciones a medio hacer, ampliaron el asilo y crearon nueva infraestructura. Sin embargo, para los años veinte la capacidad del hospicio resultaba insuficiente.

Vista actual del Asilo “Antiguo”, hoy el único asilo de ancianos de Cienfuegos.

Para el año 1916 el Asilo “Antiguo” albergaba sólo 80 ancianos, y la mendicidad callejera en Cienfuegos se calificó en la prensa como “una dolorosa vergüenza social, como en casi toda la Isla”. En el año del centenario de la ciudad (1919), existían en toda Cuba 27 asilos de huérfanos, expósitos y ancianos, dos de los cuales se ubicaban en Santa Clara. Teniendo en cuenta que para esa fecha la población de la ciudad era 1,7 veces superior a la de la capital provincial Santa Clara, se comprenderá el interés puesto por la sociedad cienfueguera para fundar adicionalmente en los años siguientes un asilo para ancianos (en 1922 el “Nicolás S. Acea”), y un asilo para niñas huérfanas (en 1926 el “Anita Fernández de niñas huérfanas).

Recorte de un reportaje sobre el Asilo “Antiguo”, publicado en 1957. Transcribo los temas de la reseña enmarcados, para ilustrar la forma cómo se sostenían los asilos con la participación popular, una obra caritativa de la cual se enorgullecían los cienfuegueros: “Más de sesenta y dos años de fundado en Cienfuegos. Historias de dolor, de fracaso y de amor. ¡Las monjitas son muy buenas! Nos dice Rodríguez Mora. Se sostiene con la caridad pública. Sólo diez pesos le da mensualmente el Gobierno Provincial. El recuerdo de doña Catalina Atkins, doña Amparo Montalván de Castaño, doña Petrona Hernández de Hernández y don Esteban Cacicedo. Todo lo hacen en el asilo. Hay algunos viejos que son muy presumidos. El fumar: uno de los grandes problemas que se confrontan. Atención de médicos y dentistas. El Sanatorio les ayuda mucho. El asilo es un pabellón más de la Colonia. Hay 125 viejos asilados en la actualidad. Los requisitos para el ingreso. Las familias pudientes asilan a sus viejos y después los olvidan. Quince hermanitas integran la Congregación del Asilo. Una cuenta 87 años de edad y cuatro pasan de 70. Cada día hay menos bondad en la gente. Hay que ser más humanos. Nació tras las rejas de una cárcel y morirá tras las paredes de un asilo. Una mujer que fue esclava y es casi centenaria. Los viejos son disciplinados y obedientes.”

Cuando se decide construir un segundo asilo de ancianos desamparados con el legado de la familia Acea, un generoso cienfueguero donó una manzana de terreno en las cercanías del asilo ya existente, para que las mismas religiosas atendieran ambos asilos. Así de sólida era la reputación alcanzada por ellas. En 1922 se inauguró el asilo “Nicolás Acea”, entonces dotado de los mejores medios existentes en el país. Desde su propia concepción fue atendido por los miembros del Club Rotario de la ciudad, quienes promovieron su manutención hasta 1959, con la participación popular en las donaciones y una ridícula ayuda periódica del Ayuntamiento. A partir de la fundación de este refugio, al primer asilo se le comenzó a llamar “Antiguo”.

Fragmento de un reportaje sobre el Hogar de Ancianos “Hermanas Giral” (hoy ocupa las instalaciones del Asilo “Antiguo”), publicado por la periodista Magalis Chaviano en el semanario “Cinco de Septiembre. Las expresiones utilizadas para contrastar el pasado con el “glorioso” presente, son una clara muestra del clientelismo político con que se tratan estos temas.

Sobre la valoración por los medios oficialistas de la labor de las monjas y el sostenimiento de ambos asilos no me extiendo. Basta citar el artículo publicado en el semanario “Cinco de Septiembre” correspondiente al día 24 de octubre del 2003, bajo el título “Una cara fea que esconde un enorme corazón”. En él la periodista Magalis Chaviano, después de varios criterios muy negativos sobre la forma cómo las religiosas atendían a los ancianos, termina con la siguiente frase en el mejor espíritu de barricada: “Al triunfo de la Revolución el centro entra en una nueva etapa; cambia su denominación de asilo por la de hogar porque se pretendía que los ancianos se sintieran allí como en casa propia, en consonancia con el carácter social del proceso que nacía. Desde entonces los internos comenzaron a circular por pasillos y salones, libertad que les estuvo vedada durante años por el estricto régimen impuesto por las religiosas. En el año 1961 pasa a formar parte del sistema de salud cubano y el Estado asume totalmente el financiamiento de la institución”. El juicio pudiera perdonarse por ignorante, pero resulta aún peor, porque lleva una intención muy clara y precisa: la calumnia para descalificar. Sin comentario.

Así recibió Cienfuegos la construcción del Asilo “Nicolás Acea” en 1922.

La obra caritativa y humana del cementerio “Tomás Acea”.

Vista actual de la portada y acceso principal desde la carretera a Rancho Luna, al edificio administrativo del Cementerio “Tomás Acea”. Al fondo el pórtico techado incluido a última hora como modificación al proyecto, que permite a los acompañantes del féretro guarecerse de la lluvia.

El Cementerio “Tomás Acea” es la segunda obra en orden cronológico (inaugurado en 1926), ejecutada con el legado Acea-Tostes, esta vez fuera del área urbana, como se exige a una instalación de este tipo.

Monumental edificio administrativo del Cementerio “Tomás Acea” recién construido (1926).

Prácticamente desde 1820, cuando fue sepultado el francés Julián Duval, primer fallecido en la Colonia Fernandina de Jagua, las ubicaciones escogidas para cementerio fueron desacertadas. Esa situación empeoró con el meteórico crecimiento de la ciudad. Pasados cincuenta años de la fundación, todavía en pleno siglo XIX, la capacidad del camposanto resultaba insuficiente e inapropiada. Para 1921 se denunció en la prensa “no había en Cienfuegos donde enterrar los cadáveres, haciéndolo en pasillos y calles del cementerio, al no quedar paredes disponibles”. Al año siguiente se calificó de "vergüenza urbana, totalmente inadecuado para las condiciones de la ciudad”, así como se críticó duramente los excesivos e inconvenientes trámites exigidos por la Iglesia Católica a los pobres para acreditarse como tales.

Cementerio de Reina (Cementerio Municipal). Con una ubicación desacertada desde su fundación, para finales del siglo XIX, adicionalmente, ya resultaba insuficiente por el crecimiento vertiginoso de la población de Cienfuegos.

Después de más de una década de litigios (algunos internacionales) por el legado de la familia Acea-Tostes a Cienfuegos, y de inútiles “esfuerzos” municipales por construir un cementerio, los albaceas de la fortuna legada inauguraron el cementerio “Tomás Acea” en 1926, donde los pobres serían enterrados gratis. Así se mantuvo hasta 1959, administrado por un patronato. Probablemente haya sido en el mundo el más elegante camposanto donde se halla enterrado un pobre de solemnidad. Se brindaban los servicios religiosos a quienes los solicitaban, y los familiares del difunto pobre sólo debían acreditar esa condición ante el patronato, entre cuyos integrantes, a partir de finales de los años treinta, hubo un representante del Ayuntamiento.

Aspecto original de la fachada principal del edificio administrativo del Cementerio Tomás Acea, donde puede verse la escalinata prevista en donde después se construyó como modificación un portico techado para reguardar a los acompañantes del féretro en caso de lluvia.

No me consta se hayan producido escándalos por corrupción en la labor administrativa de ninguno de los patronatos ligados a la herencia Acea-Tostes (había un patronato del cementerio y otro general del legado). Por el contrario, la herencia original de 300 mil pesos, fue incrementada por el patronato con el tiempo, mediante operaciones financieras, alcanzando, por ejemplo, en los primeros 21 años los 450 mil pesos, es decir creció una vez y media, o visto de otra forma, se incrementó cada año en más de 17 mil pesos. Puedo asegurar que el funcionamiento de ambos patronatos era escudriñado permanentemente por una prensa caracterizada por la práctica de la denuncia cívica ante casos de ese tipo.

El área del Cementerio “Tomás Acea” fue calculada para una población de Cienfuegos de 150 mil habitantes, cantidad alcanzada sólo durante breves años gracias a la población flotante por las grandes inversiones industriales construidas en los ochenta. Gracias a ello, hoy no sólo resuelve las necesidades actuales, sino que um amplio espacio libre garantiza el futuro (captura de pantalla de Google Earth).

Los colegios “Santo Tomás” y “San Lorenzo”.

Vista actual de la imponente fachada del edificio sede del Colegio “San Lorenzo” para varones y Escuela del Hogar “Santo Tomás” para niñas.

Terminado en 1932, la edificación de los Colegio “San Lorenzo” y Escuela del Hogar “Santo Tomás” es la tercera y última obra ejecutada mediante el legado Acea-Tostes.

Contrario a lo que muchos suponen, ambos colegios eran entidades distintas de acuerdo a la enseñanza ofrecida. Los dos, sin embargo, tenían el propósito de dotar a niñas y niños pobres de un oficio para enfrentarse a la vida, y su mantención durante tres décadas dependió mayoritariamente del legado Acea/Tostes. También compartían el edificio de la Fundación “Nicolás Acea”, en la primera planta y el Colegio “San Lorenzo”, y en la segunda la Escuela del Hogar “Santo Tomás”.

Fragmento de la prensa local de 1926, donde el Albaceazgo de Nicolás Acea convocaba al concurso para el proyecto de la edificación sede de los centros de enseñanza “San Lorenzo” y “Santo Tomás”.

La primera en comenzar labores fue la Escuela del Hogar “Santo Tomás”, en 1929. Mientras se terminaba el monumental frontis clásico, y se instalaban los equipos necesarios, el Colegio “San Lorenzo” se inauguró dos años después, finalizando el año 1932.

Al inaugurarse (1932), la prensa local calificó de “majestuoso monumento a la filantropía” la edificación para los colegios “San Lorenzo” y “Santo Tomás”.

Para comparar y contextualizar la calidad de la enseñanza impartida en ambos centros comento brevemente un par de aspectos de su labor. Los profesores para el Colegio fueron nombrados por una Tribunal estatal nacional, presidido por el destacado pedagogo e historiador Ramiro Guerra, después de un proceso de oposición. Entre sus profesores fundadores se encontraba el Ingeniero Julio César Sotelo en la asignatura de dibujo industrial, aunque en 1933 llegó a ser el director del centro. De su autoría es un texto de esa disciplina publicado en los años cuarenta, utilizado por los estudiantes de ingeniería mecánica todavía hoy, en pleno siglo XXI de los ordenadores. Desde finales de los años treinta, y por disposición de la Secretaría de Educación, los graduados del “San Lorenzo” les fueron reconocidas y abonadas las asignaturas y prácticas de taller al ingresar en la Escuela Superior de Artes y Oficios de La Habana. Casi desde su fundación los estudiantes del Colegio publicaron un boletín mensual, donde se recogían los intereses de alumnos y profesores.

A su vez, en la Escuela del Hogar, además de las asignaturas profesionales según programas actualizados, la pupilas recibían con periodicidad conferencias de destacados intelectuales cienfuegueros sobre feminismo, con ideas tan novedosas como los derechos de la mujer en la sociedad. Desde mediados de los treinta, y por decreto de la Secretaría de Educación, las graduadas de este centro podían ser nombradas maestras de corte y costura y de trabajo manual en las escuelas públicas. Los alumnos y profesores de ambos centros docentes participaron activamente en la dinámica vida cívica de Cienfuegos. El edificio común sirvió de sede a innumerables actos de la ciudad, con el beneplácito siempre de los patronos del legado, prestos a servir a la ciudad.

El legado Acea-Tostes desde la arquitectura.

Si bien, como he explicado hasta aquí, el legado Acea-Tostes es merecedor de memoria agradecida hoy, siquiera por el carácter esencialmente humanista de esas obras, lo es también por su aporte a la arquitectura de la ciudad. Para describir brevemente el valor estético, de uso, y la perdurabilidad de esas edificaciones, veamos algunos datos.

La primera característica (casi nunca mencionada) de todas y cada una de éstas construcciones, es la total ausencia de cualquier ornamento referido, siquiera indirectamente, a la religión cristiana católica. Esta peculiaridad alcanza carácter marcado y manifiesto en el caso del cementerio “Tomás Acea”, construido en general para una población en la ciudad de fe mayoritariamente cristiana. Todo ello, a pesar de haberse previsto y construido sendas capillas (desnudas de ornamentos), en el cementerio “Tomás Acea” y en el Asilo “Nicolás Acea”. Con seguridad esta intención no procedía de ninguno de los dos donantes (ambos creyentes de pública pertenencia a la Iglesia Católica). Presumo era una especie de desquite del patriota Felipe Silva Gil, uno de los más importantes patronos del albaceazgo, quien durante la última gesta independentista debió lidiar con el carácter de “departamento ideológico” del gobierno colonial, jugado por la jerarquía católica durante tres siglos.

Otras dos características comunes de estas obras es, primero, el interés marcado de los patronos del legado Acea-Tostes en proporcionar un sabor clásico e impactante a las tres edificaciones construidas por ellos, a pesar de involucrar tres especialistas diferentes en sus proyectos. La segunda característica es la brevedad y calidad en la ejecución de cada una de esas obras, con plazos que hoy, al cabo de casi un siglo, resultarían inalcanzables por nuestras empresas constructoras.

El Asilo “Nicolás Acea” es uno de los dos ejemplares fabricados con el legado Acea-Tostes dentro del casco urbano, cuyo proyecto estuvo a cargo del Arquitecto e Ingeniero Federico Navarro Taillaq, autor de algunas de las obras más voluminosas e importantes existentes en la ciudad. El costo de su ejecución ascendió a doscientos treinta mil pesos, cifra muy considerable para su época. La edificación principal (sin incluir áreas de servicio), era de dos pisos y algo más de 720 metros cuadrados de planta. La ejecución de todas las obras demoró 295 días, sustancialmente menos de lo planificado por proyecto. Construido en parte de una manzana cienfueguera completa de su propiedad (100 X 100 varas castellanas), la fachada principal de la edificación por la calle de Cristina, es de orden dórico. En el ancho alquitrabe el nombre de la institución en bajo relieve, sostiene el frontón triangular con el Escudo Nacional al centro, escoltado por arabescos circulares, mientras todo el conjunto se soporta sobre cuatro columnas de 10 varas de alto. A los piés del frontis una escalinata de mármol embellece el acceso principal. La construcción es de dos plantas, y originalmente estaba rodeado por una sencilla y elegante verja de hierro, colocada sobre muros bajos, salteados de pilares, interrumpido por un alegre portón de entrada engalanado con tejas. Alrededor del edificio, entre el cuerpo de éste y la verja, había un espacio de diez varas para jardines.

El edificio de los dos colegios (una planta para cada centro), ubicado en lugar muy céntrico y transitado, constituyó en su entorno del Parque “Martí”, un elemento arquitectónico por su volumen y belleza, a la altura de la Catedral y del Teatro “Tomás Terry” (el Ayuntamiento aún no estaba terminado). Proyectado por el Ing. Jorge Lafuente, cuyo trabajo fue escogido después de un concurso al efecto, se construyó en 216 días. Ocupó el espacio de la antigua sede del Liceo de Cienfuegos y de la casa de la familia Acea. El monumental edificio tiene 42.1 metros de ancho por 46.23 metros de fondo, e incluyendo el patio, el área ocupada asciende a 1290 metros cuadrados. Por la posibilidad de ser admirado desde excelentes y diferentes puntos de vista, el inmueble no deja margen a dudas en el turista: en bajo relieve en el alquitrabe se repite el nombre del colegio en letras grandes (al igual que en el Asilo), mientras un frontón triangular, igualmente parecido al del Asilo, ahora fue decorado con jóvenes de diferentes profesiones, en alusión al carácter vocacional de la escuela, y probablemente en recordación del hijo, Lorenzo Acea, muerto en la juventud. Todo el conjunto está otra vez soportado por cuatro columnas del mismo orden dórico, y dos voluminosas columnas cuadradas en los extremos, esta vez de algo más de 5 metros de altura.

También en el Cementerio “Tomás Acea” se fijó el estilo clásico más evidente para acotar el trabajo del proyectista Pablo Donato Carbonell, a cargo de la concepción de la edificación principal del cementerio. Se destinaron 200 mil pesos del legado para la construcción del cementerio, sin que me conste el costo definitivo de la obra. Fue construido en 42 meses hasta su terminación el 26 de junio de 1926. La desafortunada frase “verdadera reproducción del Partenón de Atenas” para referirse a ese monumental objeto de obra, publicada en los medios de entonces (1926), continuó repitiéndose inapropiadamente por muchos hasta nuestros días. Aunque el diseño del Ing. Donato tuvo al Partenón griego como referencia, muchas características, imposibles de enumerar por la brevedad de estas notas, hacen de esas dos construcciones ejemplares absolutamente diferentes. No obstante, las 64 columnas dóricas que sostienen los pórticos alrededor del edificio, de algo más de siete metros de altura, con un metro de diámetro en su base, fueron concebidas cumpliendo todos los cánones de la arquitectura griega antigua, especialmente la relación de estrechamiento entre el imiscapo y el sumoscapo, así como la relación llamada énfasis. A las tres naves unidas para conformar el edifico se le adicionó, después de proyectado, un pórtico techado para proteger a los acompañantes del fallecido los días de lluvias, increíblemente no tenido en cuenta por el Ing. Donato en los originales.

A pesar del volúmen y lo impactante del edificio clásico dieñado por Donato, incluso sonsiderando probablemente sea el edificio administrativo más grande y suntuoso de todos los cementerios cubanos, lo que hace verdaderamente grande y único a este camposanto, es su carácter de parque jardín, diseñado por el agrimensor Luis Felipe Ros.

Se estableció sobre un área de más de 178 mil metros cuadrados (una tercera parte del Cementerio de Colón de La Habana), en un terreno ondulado cuyo punto central se eleva a 17 metros sobre el nivel del mar, permitiendo que desde allí la vista se pierda en lontananza, por las hermosas caletas de la bahía de Jagua.

Siguiendo el diseño inglés de cementerios jardines, en esa área se trazaron convenientemente y construyeron 3 kilómetros de caminos entrelazados unos con otros, cimentados con piedra y asfaltados, de 5 metros de ancho. Diseñados de forma irregular con 42 curvas, a la salida de cada una de ellas el panorama se torna distinto. Separados 10 metros a cada lado del camino, se sembraron y dejaron en pleno crecimiento 600 árboles de una docena de hermosas variedades, apropiadas para esas tierras y clima. Por todas estas carcaterísticas, y otras no mencionadas, en 1978 el Estado cubano declaró Monumento Nacional al Cementerio “Tomás Acea”.

En todas las instalaciones de este enorme cementerio construido para los nacionales cubanos, ni una referencia al cristianismo, caso único en nuestros camposantos. Esos signos han sido aportados con posterioridad en los túmulos mortuiorios y sepulturas construidas.

Todas las edificaciones construidas con el legado Acea-Tostes califican, todavía hoy, entre los ejemplares más impactantes y voluminosos de Cienfuegos por su destacado valor estético.

Desde la arista del valor de uso, todas aportaron directa y sustancialmente al mejoramiento de la sociedad cienfueguera, especialmente de sus capas más pobres. En lo relativo a su durabilidad, forman parte hoy de algunas de las más importantes instituciones de servicio a la población en la Perla del Sur, a la vez que conservan plenamente su valor estético.

Epílogo.

Así recogía la prensa local los actos de homenaje celebrados cada año, en recordación del benefactor Nicolás Acea de los Ríos. Primera plana de un diario local dando la conocer la inauguración del busto en el Parque Martí el 4 de julio de 1944.

Hasta 1959, el legado Acea-Tostes fue objeto de memoria agradecida por parte de los cienfuegueros. El tema era difundido en las escuelas públicas y privadas, así como en la prensa radial y escrita. En julio de 1944, entre los festejos por la fecha de constitución de los Estados Unidos, se develó en el Parque "Martí" un monumento a Nicolás Acea, en la acera correspondiente a la calle San Fernando, casi frente al Ayuntamiento. Fue tallado en piedra por el destacado escultor cienfueguero Mateo Torriente y costeado por suscripción popular. Cada año se celebraba el natalicio de Acea, festejos que se aprovechaban para recaudar fondos destinados a la mantención del asilo y los dos colegios. De igual forma se efectuaban visitas al asilo de personalidades importantes, entre ellos en 1922 el poeta y dramaturgo español, futuro Premio Nobel, Jacinto Benavente.

Talla en piedra de Nicolás Acea, todavía en elaboración en el estudio del escultor Mateo Torriente.

No recordar y difundir el legado de Nicolás Acea de los Ríos y de su esposa Francisca Tostes, así como a los patronos encargados de materializar y sostener sus intenciones durante décadas después de fallecidos los donantes, es hoy una de esas torceduras de la historia debidas a un clientelismo político con dimensiones de crimen social.

Monumento a Nicolás S. Acea de los Ríos en el Parque

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

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