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de lectura

La realidad cubana de hoy es un mosaico de sinsentidos. Ella será muy difícil de explicar cuando termine la anomía actual. Veamos un ejemplo. Hace unas semanas, en ocasión de una crisis de abasto a los supermercados del país, se puso sobre el tapete el derecho de los clientes a tomar fotos en las tiendas de comercio interior. Como el asunto creció, la propia titular del ramo ratificó dicha autorización en las redes. Demasiado bueno para ser verdad. Hace unos días una nueva resolución corroboró la posibilidad de tomar fotos en los supermercados pero... “acorde con las políticas comerciales del establecimiento”. ¿Cuáles son las políticas de cada uno de esos establecimientos? ¿Quién estará velando por el cumplimiento de esta norma, otro nuevo empleado en la plantilla?

Más aún, en las entrevistas a tenor de la nueva limitación, los noticiarios televisivos oficialistas mostraron gerentes señudos, de cara hosca, explicando la restricción. Verdaderos sargentos políticos de la idea, desconectados de las elementales prácticas de atención al cliente.

Hace unos meses, en un establecimiento a la salida de Cienfuegos, dedicado al porcionamiento y distribución de carnes para la cadena minorista de tiendas, ví un cartel en la entrada “ZONA MILITAR”. Resultó no ser un chiste: “aquí entra quien yo disponga” me dijo su gerente, un ex militar sin uniforme, “esto es área restringida”. La prohibición de acceso podía extenderse, de ser necesario, hasta a los inspectores sanitarios del sistema de salud pública. Cuando mi nieto lea esto, y sepa que la mayor parte del comercio interior cubano y del turismo está en manos del Ejército, se convencerá de la existencia objetiva en Cuba del “realismo mágico” promocionado por Carpentier en sus novelas.

Y es que en los finales de los setenta, todavía el dollar prohibido en Cuba, la explicación oficial a la “militarización” de las primeras tiendas de “recaudación de divisas”, fue justificada por el gobierno con la necesidad de evitar la corrupción. Hoy esa explicación mueve a carcajada. Sólo los casos de ilegalidades en la cadena militar de comercio dados a conocer por el régimen, bastarían para ello. Una consecuencia directa más importante aún de esa militarización, es que los delitos cometidos por una tendera de un supermercado de Cimex, por ejemplo, son juzgados por un tribunal militar, con menos posibilidades para la defensa, si se compara con un tribunal civil.

Cuarenta años de comercio militarizado han demostrado ineficiencia e incapacidad para satisfacer las crecientes demandas de los clientes cubanos, aún en momentos de “bonanza”. Tratar este tema desde la protección al consumidor es válido, pero reduce el problema a una parte insignificante de sus consecuencias. Más a la raíz del asunto: ¿Por qué la falta de transparencia en la gestión económica del GAE (Grupo de Administración Estatal) y sus empresas del MINFAR? ¿Hasta cuándo un grupo de burócratas militares determinará cómo pasaré el rato de ocio en un supermercado? ¿Cuándo se detendrá la amenaza ridícula y subyacente de confundir la acción de tomar una foto en una tienda con traición a la patria?

Sólo me resta confiar esta explicación no le provoque dolor de cabeza a mi nieto cuando la lea, en el fututo promisorio que inexorablemente espera a mi país, más allá de cualquier interés de grupos u oligarquías.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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