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de lectura

La intención al compartir este texto, es ofrecerlo de la manera más tranquila y respetuosa, tanto como permita ser tratado un tema tan indignante. Ese propósito no se lograría sin precisar antes los dos significados propuestos por el diccionario para el sustantivo utilizado en el título: Esbirro, “persona pagada por otra para que lleve a cabo acciones violentas en su lugar. El que se dedica profesionalmente a ejecutar las órdenes violentas de una autoridad”. El vocablo, usado en forma de epíteto es fuerte, y en los medios de comunicación oficialistas cubanos está permitido solamente para describir la historia anterior a 1959.

Dicho el exculpatorio, paso a los hechos. Hace un par de días leí la descripción del trato dado por las autoridades del MININT en la provincia de Holguín a un grupo de jóvenes periodistas del excelente órgano alternativo “Periodismo de Barrio” (en la Isla todo lo que no es oficial es “alternativo”), cuando realizaban la investigación de terreno para un reportaje, sobre las consecuencias sociales del cierre de un central en el intrincado pueblo de Guatemala, perteneciente a esa provincia (https://www.periodismodebarrio.org/2019/07/las-historias-no-son-propiedad-privada/amp/?__twitter_impression=true).

Para quienes lo hemos padecido no es nada nuevo. Se trata del abuso de la autoridad mediante el engaño y de la interpretación torcida de la Ley para intimidar, y si fuera necesario, reprimir severamente a jóvenes, cuyo trabajo es traer al presente la clase de periodismo que inobjetablemente tendrá mi patria. Uno de los leitmotiv más enarbolados por las autoridades políticas cubanas en casos como éste, es la contribución de este periodismo a “dar armas al enemigo”. En nuestra historia anterior a 1959, ¿hubo jóvenes dándole “armas al enemigo” mediante la prensa? ¿Les fue permitido hacerlo? Veamos un par de ejemplos para ilustrar.

A un año del gobierno de facto de Fulgencio Batista, en medio de un ambiente social caldeado, entre otros por los movimientos estudiantiles, se produjo la indignante muerte del joven estudiante Rubén Batista a manos de los esbirros de la policía. La noticia ocupó titulares en la prensa escrita (entonces toda privada), y jóvenes valientes se ocuparon de describirla de forma crítica y en tono acusatorio, denunciando el hecho como lo que era: un asesinato. Por si fuera poco, dos de las más importantes salas de cine de Cienfuegos (los teatros “Terry” y “Luisa”), incluyeron en su programación un documental sobre los sucesos, cuya presentación en éste último teatro terminó con gritos de “¡Abajo Batista!”. Ni antes, ni ahora, los participantes en estos hechos han sido acusados de “dar armas al enemigo”, ni siquiera los medios dominados por los afectos al régimen.

El asesinato del joven Rubén Batista (febrero de 1953) a manos de los esbirros del gobierno de facto de Fulgencio Batista, constituyó titular de primera plana, en una prensa toda en manos privadas.

Con este titular de denuncia difundió la muerte del joven Rubén Batista el diario “El Comercio”, propiedad de varias personas, una de las cuales llegó a ser Secretario de Gobernación (el equivalente hoy a Ministro del Interior), durante el gobierno de facto de Fulgencio Batista. Existía una gran distancia entre los intereses políticos de los dueños de los medios de prensa y la objetividad de las noticias o denuncias publicadas.

Como si la prensa escrita fuera poco para denunciar el criminal asesinato del joven Rubén Batista, en dos de las principales salas cinematográficas de Cienfuegos se incluyó en cartelera un documental sobre el suceso, una de cuyas presentaciones terminó con gritos de “¡Abajo Batista!”.

Otra de las amenazas de los oficiales del MININT a los jóvenes redactores de “Periodismo de Barrio” fue acusarlos de “Usurpación de capacidad legal, un delito que se le imputa a quienes ejercen una labor determinada sin calificación profesional”. Al respecto conviene recordar, algunos de los mejores y más influyentes colaboradores de los diarios cubanos hasta 1959 no eran profesionales del periodismo. Solían ser médicos, maestros, abogados o ingenieros, cuyas denuncias cívicas, vulgarizaciones de temas concernientes a su profesión importantes para la población, o análisis de la realidad política, muchas veces fueron escritos sin remuneración alguna. Ellos nunca pidieron autorización a esbirro o partido alguno para comunicar su verdad.

En 1931, cuando el imberbe Carlos Rafael Rodríguez a sus 18 años de edad decidió contestar a un artículo donde se llamaba “bandido” a Augusto César Sandino, no se preguntó antes si daba “armas al enemigo”. Años después, ya reconocido líder comunista, cuando la dirección de la revolución popular triunfante giró al marxismo, olvidó las prebendas que disfrutó en los medios durante años y contribuyó a convertir toda la prensa en partidista.

El delito de usurpación de capacidad legal se utilizaba en casos criminales como hacerse pasar por notario en algún negocio turbio. En el caso del periodismo, el tema era tratado para defender los derechos de los periodistas y trabajadores de la prensa, quienes, por ejemplo, pudieron jubilarse sólo pasados casi cuarenta años después de instaurada la República, fecha cuando, además, lograron establecer su primera Escuela Profesional de Periodismo y aguparse gremialmente en colegios de periodistas. El asunto era administrativo y nunca, ni en las peores dictaduras sufridas en Cuba, a nadie se le ocurrió utilizar oficiales de alta graduación para reprimir el “intrusismo” (como se le llamaba entonces), y menos aún vincularlo con la seguridad del estado. Aún después de ganar sus derechos sindicales, los abogados, médicos, maestros y otros, siguieron ocupando un espacio muy influyente en la prensa.

En noviembre de 1952, a escasos ocho meses del golpe militar del general Fulgencio Batista, el comunista Nicolás Guillén no fue previamente cuestionado sobre sus estudios y profesión para que la prensa publicara estos encendidos versos, especialmente si se considera el contexto.

Empero de todo lo mostrado hasta aquí, estas posibilidades de divulgar su pensamiento no fueron garantía para que aquellos jóvenes periodistas no sufrieran, como hoy, la ira de los esbirros del régimen denunciado y expuesto a escrutinio público. Los ejemplos harían interminable este artículo.

Un ejemplo de la acción de los esbirros contra la prensa. Así quedaron las oficinas del semanario “La Última Hora” de La Habana, después que esbirros de la Policía de Palacio las saquearan y destruyeran en la noche del 13 de marzo de 1953. Antes, ese medio había publicado una denuncia cívica sobre la lacras establecidas en Cuba durante el primer año del golpe. Su director Julio Velis sentenció: “el madrugón del 10 de marzo no iba dirigido contra la política del Presidente Prío. Fue un culatazo dado por el General Batista”. Meses después cerró la publicación por falta de anunciantes ante la presión del gobierno de facto.

Reprimir, amenazar y entorpecer el trabajo de jóvenes periodistas es un intento por posponer la insoslayable llegada del futuro promisorio para esta nuestra casa Cuba. Quienes ejecutan estas acciones hoy, se mueven en el mejor espíritu de los esbirros de siempre descritos aquí. Como ha sucedido ya en otros países de Latinoamérica, la “obediencia debida” no bastó para que algunos militares pagaran con severas penas la participación personal en la represión durante regímenes pasados.

Termino con una elocuente frase, tomada del artículo escrito por un joven periodista en junio de 1952, denunciando la represión sangrienta contra estudiantes que “sepultaban” la Constitución de 1940 en protesta pública contra Fulgencio Batista: “En todas las épocas han existido policías abusadores. Ellos han sido cazados a tiros al caer la dictadura de Machado, al caer el anterior régimen de Batista [se refiere al período presidencial 1940-1944], y cada vez que caiga el régimen que los ampara sucederá lo mismo, porque son los que se quedan sin el uniforme. En ese espejo de la historia deben mirarse éstos, que todo lo hacen extrayendo el revolvito o apaleando a los civiles".

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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