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Planta de ubicación y medidas exteriores del santuario. El área significativamente grande con respecto al templo corresponde a la intención de los dominicos de fundar en sus predios una escuela de agricultura gratuita.

La importancia del Santuario de San José en el barrio de Paraíso rebasa el interés puramente estético. Construido de ladrillos, sus pequeñas dimensiones (11 X 20 metros), con un puntal de 9 metros y medio hasta su techumbre de tejas a dos aguas, tenía como únicos ornamentos arquitectónicos su espadaña al centro de la fachada frontal soportando una minúscula campana de menos de un pie de alto, sendas falsas torres a cada lado de la misma y las iniciales del santo patrono y la cruz a relieve al centro, sobre la puerta. A su escasa importancia constructiva habría que agregar su ubicación, distante del centro urbano unos 5 kilómetros en el momento de su inauguración, hace casi un siglo. Sin embargo, desde el propio año de su erección, y promocionado por la Asociación San José de la Parroquia del Patrocinio, el santuario fue paulatinamente convirtiéndose en destino de la única peregrinación religiosa tradicional de la comarca, inicialmente reservada para personas con transporte propio o recursos para pagar el pasaje y sin conexión directa con el barrio donde estaba enclavado el inmueble. Con el tiempo a la peregrinación religiosa fueron adicionándose los habituales festejos profanos populares, arraigando definitivamente entre los pobladores del barrio, quienes para los años treinta del siglo XX la consideraban su fiesta patronal y un deber tradicional acoger a los varios millares de peregrinos que cada 19 de marzo acudían a este sitio para celebrar la fiesta del Patrono de la Iglesia San José, algunos desde distancias más allá de la urbe cienfueguera.

A la izquierda nota en la prensa local acerca de la muerte de uno de los miembros de la Asociación de San José en la Parroquia de Paraíso, donante del terreno donde se construyó el templo, el Sr. Emilio Robión (o Robiou como se le llama indistintamente en documentos oficiales) Domínguez. Más detalles sobre la historia y características de la peregrinación al Santuario de San José en Paraíso (a la derecha en la foto) pueden consultarse en el espacio de esta página correspondiente a las Tradiciones.

La edificación del santuario se debe a la preocupación de los Dominicos de la Parroquia del Patrocinio (Orden de Predicadores), tanto de los franceses primero como de los españoles después, por dotar los barrios de la periferia cienfueguera de templos. El de Paraíso era el primero del grupo de tres que llegarían a construir. Su erección tuvo como principal promotor a Fray Regis Gerest. Muy probablemente su sencillo diseño se deba al trabajo personal del religioso, aunque no hayan quedado documentos para afirmarlo categóricamente. La enorme parcela de terreno donde está enclavado, con un área similar a una manzana del trazado de la ciudad de Cienfuegos (100 X 100 varas castellanas) se debe a la intención de los Dominicos de establecer allí una escuela agrícola para niños pobres, en el desarrollo de cuyo objetivo contaban con la ayuda del Dr. Pío de Lara, propietario de la finca colindante con el santuario denominada “Las Delicias”, sitio donde éste sostenía un terreno de experimentación agrícola.

Junto al Santuario de San José de Paraíso, los Dominicos construyeron otros dos templos en la periferia de la ciudad: el de Pueblo Griffo, a la izquierda, y el del barrio de O’Bourke, a la derecha.

El terreno y buena parte de los materiales para la construcción del santuario fueron cedidos por el Sr. Emilio Robióu Domínguez, devoto a San José de la Montaña, una advocación y su correspondiente peregrinación de gran arraigo en la ciudad española de Barcelona, la que pensaba perpetuar en esta localidad. El sitio para el santuario se segregó de los terrenos del demolido ingenio San Antonio, en cuyo acto notarial ocurrió un hecho jocoso. Uno de los herederos comparecientes lo hizo a través de un representante con capacidad legal sólo para vender sus bienes, en ningún caso para cederlos, por lo que debió enajenar la parte correspondiente a su representado en el menor de los precios posibles: un centavo de peso español.

Así recogió la prensa local en 1910 la intención de los devotos de San José, “desde hace tiempo”: la construcción de un santuario para traer a la Perla del Sur la popular peregrinación barcelonesa.

La primera piedra para la construcción fue colocada y bendecida por Mons. Aurelio Torres y Sanz el 26 de mayo de 1910. La prensa local anunció el acto divulgando que “Varios automóviles saldrán de Cienfuegos para Manacas con motivo de esta fiesta...” Si nos situamos en el contexto de la época y consideramos la reducida cantidad de automóviles existentes en la pequeña y pujante Perla del Sur del momento, tendremos un retrato de la categoría social de los participantes en la ceremonia. Siete meses después, el primer día del año siguiente, se inauguró y bendijo la edificación del santuario por Fray Regis Gerest en sustitución del obispo Mons. Torres, cuyo banco al lado derecho del altar quedó vacío por encontrase repentinamente enfermo. Para la ocasión viajaron varios automóviles y algunos ómnibus alquilados cuyo pasaje ascendía a la nada despreciable cifra de 40 centavos, hasta completar una capacidad total de alrededor de 150 pasajeros. La imagen de San José en el momento de la inauguración fue encargada por la familia del donante del terreno y confeccionada en Barcelona. Excelente talla en madera polícroma es la misma que hoy se saca en procesión durante los festejos patronales, pues se adquirió otra a finales de los años noventa de la pasada centuria, con iguales características de elaboración y calidad. Ésta última fue colocada en sustitución de la primera en el nicho construido especialmente en la pared posterior del presbiterio durante los trabajos de reconstrucción y ampliación.

A la izquierda imagen de San José original, tallada en madera polícroma en Barcelona a solicitud de los fundadores del santuario (es la que se saca actualmente en procesión). Al centro la imagen también en madera polícroma, traída a finales de los años noventa del pasado siglo para sustituir la original del templo (actualmente en el nicho de la pared del presbiterio). A la extrema derecha la poco conocida imagen de San José Obrero de la parroquia de Abreus, cuya fiesta patronal es el 1º de mayo.

Las condiciones económicas posteriores no permitieron a los Dominicos la fundación de la escuela de agricultura para niños pobres, razón del vasto terreno sin edificar junto al templo. El inmueble del santuario recibió dos reparaciones importantes antes de 1959, ambas financiadas por cuestación popular, aunque contaron con el decisivo aporte de doña Amparo Montalván, viuda del acaudalado Sr. Nicolás Castaño. La primera fue en 1930 para reparar los deterioros ocasionados por el paso del tiempo, y la segunda en 1936, después del ciclón del año anterior que prácticamente lo dejó en ruinas. En ninguna de ambas ocasiones se transformó sus características constructivas, ni se amplió el único cuerpo de la edificación. Después del triunfo revolucionario de 1959 el templo fue deteriorándose paulatinamente por la falta de uso y mantenimiento a causa de las difíciles condiciones en que debió desarrollar su labor la Iglesia en nuestro país, hasta llegar al final de los años ochenta sin cubierta, con parte de sus paredes en el piso, prácticamente en ruinas.

06.   A la izquierda estado constructivo del templo en 1959. A la derecha el templo en ruinas para los años noventa. Durante años el diácono José Gómez y su esposa Catalina animaron la comunidad en condiciones de campaña.

Como consecuencia de los cambios políticos y sociales operados en Cuba después de la desaparición del campo socialista a principios de la década de los años noventa de la pasada centuria, se facilitaron los trabajos de reparación de los templos en la Isla. Con la ayuda generosa de “Adveniat”, organización caritativa de la Iglesia alemana, en 1996 comenzaron los trabajos de reconstrucción y ampliación del santuario. En realidad, considerando la envergadura de las labores realizadas y las transformaciones sufridas por el inmueble después de esta acción constructiva, la misma puede catalogarse como una edificación de nueva planta, pues el resultado prácticamente nada tiene en común con el original de 1911, excepto el terreno donde fue enclavada y el objetivo social. En el proyecto participaron los arquitectos Antonio R. Rodríguez Vázquez y su esposa Vivian M. Luna Godoy, así como el Ing. Otilio Pernúz en lo concerniente al diseño estructural. Dos años después, el 19 de marzo de 1998, frescos aún los ecos de la visita de S. S. Juan Pablo II a Cuba, Mons. Emilio Aranguren Echeverría, en emotiva y multitudinaria ceremonia, inauguró y bendijo la nueva edificación del santuario y la casa de retiros.

Inauguración del santuario con su volumen constructivo actual (19 de marzo de 1998).

Manteniendo los ejes de las paredes del templo original, sus muros se elevaron, adicionándosele al final un crucero conformado por dos baptisterios laterales, ampliando el ancho del templo en esa zona hasta algo más de 18 metros. Ambas soluciones le confirieron una imagen más desahogada en su interior y permitió la colocación del sagrario en una de las capillas laterales, permitiendo mayor privacidad durante la oración. Se sustituyeron las losas hidráulicas por piso de granito pulido, brindando belleza e higiene al templo. La cubierta de tejas se reemplazó por cubierta pesada dispuesta a dos aguas.

Planta comparativa del templo original y del actual.

Se construyó un nuevo presbiterio de hermoso diseño, en lo alto de cuya pared trasera se dispuso el nicho donde descansa la nueva imagen del patrono San José. Una cómoda escalera permite el acceso de los devotos hasta los pies de la imagen, facilitando esta acción, tradicionalmente practicada por casi todos los peregrinos.

Las dos fotos de la izquierda: pequeño y hermoso sagrario colocado en el nuevo baptisterio, el mismo que tuvo S. S. Juan Pablo II en la residencia preparada en la Nunciatura Apostólica durante los días de su visita a Cuba. Fue donado al santuario por el entonces Nuncio de la Santa Sede en Cuba y gran amigo de nuestra diócesis Mons. Beniamino Stella. A la derecha: la nueva imagen, portada por un grupo de laicos de la diócesis, entre quienes se encontraba el diácono permanente José Gómez Prieto, en el momento de acercarla al papa Juan Pablo II para bendecirla, durante la misa celebrada en Santa Clara el 25 de enero de 1998. Ésta fue la primera Eucaristía efectuada por Su Santidad como parte de su visita por Cuba.

El cercado perimetral de mampostería y rejas de metal, además de brindar la necesaria seguridad, ofrece una bella imagen, sobre todo en el lateral correspondiente al frente de la carretera. El muro de la valla presenta el único inconveniente de impedir casi por completo la visibilidad del santuario y de sus atributos religiosos, principal razón arquitectónica de su construcción.

El nuevo cercado perimetral del santuario es, por si mismo, un componente estéticamente significativo

Adicionalmente, en los terrenos del santuario se construyeron otras instalaciones accesorias para dar respuesta a las necesidades de espacios para la realización de ejercicios espirituales y otras celebraciones diocesanas. Con ese objetivo se edificó, inmediatamente detrás del templo, una casa para retiros de dos plantas y, en la esquina sureste del terreno, la residencia para el párroco, todo en armonía de diseño con el templo. El 8 de diciembre de 1997 Mons. Emilio Aranguren elevó a la categoría de parroquia la comunidad de fieles del barrio de Paraíso y sus alrededores. Para terminar, mencionaré un detalle arquitectónico inconcluso aún del santuario. A pesar del interés de sus diseñadores, quienes esbozaron varias propuestas diferentes, y a pesar también de contar con el beneplácito del obispo diocesano, varios factores y prioridades han impedido hasta hoy la construcción de un campanario para el templo. Su edificación adquiere carácter perentorio si consideramos que desde diciembre de 2001 se cuenta con una campana de 158 Kg y 660 milímetros de diámetro, fundida en el País Vasco y donada por don José Iturbe, hombre de negocios vinculado a la familia de Mons. Aranguren (quien es descendiente directo de vasco por el lado paterno). El hermoso ejemplar estuvo expuesto en una horca provisional durante algunos meses del año 2002 al lado derecho de la entrada, promoviéndose por esa época un concurso para el diseño de una torre definitiva. Nunca supe del resultado del concurso y desconozco actualmente el paradero de la campana. La nueva edificación del templo ha cumplido felizmente veinte años, por lo que confío no transcurrirán muchos más antes de comenzar a escuchar el tañer de su hermosa campana colgada de una torre ubicada, por demás, sobre la colina que domina el acceso a la ciudad, garantizando de esta forma una señal insoslayable de bienvenida y esperanza a quienes nos visiten.

Alguna vez en los primeros años del milenio, un letrero lumínico daba la bienvenida a los visitantes que accedían a Cienfuegos por el Norte, recordándoles el nombre del santo patrono San José. Ojalá letrero y campanario se conviertan en realidad en un futuro inmediato, para aportar alegría a los visitantes y los pobladores del barrio.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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