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¿Por qué el contexto?

Los textos acerca de la historia local de nuestros pueblos (Cienfuegos en primer término), suelen ser demasiado centrados en la localidad, explicados fuera de contexto, y al margen de las tendencias nacionales o internacionales del momento. Si a ello sumamos un sentimiento de arraigado culto a la ciudad como han tenido siempre los cienfuegueros (en nuestro país no es exclusivo sólo de ellos, pregúntese a un santiaguero), entonces la historia de la ciudad se torna demasiado exclusiva y peculiar en el panorama de la Isla.

Con el ánimo de contribuir a colocar la fundación de Cienfuegos en su contexto histórico, este artículo ofrece algunas respuesta a preguntas como ¿En qué medida es Cienfuegos parte de los esfuerzos nacionales por poblar los territorios de la provincia de Las Villas? ¿Cuáles fueron los pueblos contemporáneos con la Perla del Sur, fundados en los territorios de Las Villas 10 años antes, o 10 años después de la erección de esa ciudad? ¿Cómo fue el crecimiento de esos pueblos villareños comparados con Cienfuegos? En este fomento de la población blanca, ¿es Cienfuegos la única villa establecida por franceses en Cuba? ¿Es la ciudad eminentemente española, con influencia gala, o al contrario?

Fundación de Cienfuegos en Las Villas.

Veamos a continuación algunos datos, mapas, imágenes y notas sobre el contexto geográfico e histórico natural de la fundación de Cienfuegos: la región conocida primero como las provincias de Trinidad y San Juan de los Remedios, después como Distrito de “Las Cuatro Villas” (Trinidad, Remedios, Sancti Spíritus y Santa Clara), más tarde de “Las Cinco Villas” (se le incorporó Cienfuegos en 1819), a partir de la independencia como provincia de Santa Clara, y después de la Constitución de 1940 como provincia “Las Villas”.

Para comenzar recordemos el carácter precario y provisional de buena parte de las “fundaciones” de pueblos entre los siglos XVI al XVIII. Eran sencillamente proto urbanizaciones sometidas a todo tipo de avatares geográficos, climatológicos, biológicos, sociales y políticos, con construcciones frágiles e infraestructura rústica, muy fáciles de trasladar. Un par de ejemplos: Sancti Spíritus, fundada en 1514, cambió de ubicación geográfica en 1522, presuntamente por una plaga de hormigas carnívoras, agresoras de hombres y animales, de las cuales no se ha encontrado ejemplar alguno con posterioridad, de donde los historiadores presumen primaron para ejecutar esa mudanza algunos intereses económicos bien documentados. Por su parte Trinidad, erigida en el mismo año, albergaba veinte años después una población de ¡once habitantes y un clérigo!, fruto de la expedición para la conquista de Mexico y de otros desastres climatológicos sufridos.

A su vez, la fundación de la Colonia Fernandina de Jagua (después Cienfuegos), formó parte del acelerado proceso de poblamiento, comenzado en el año 1774, capaz de quintuplicar la población cubana en algo más del medio siglo transcurrido hasta 1841 (de 172620 a 1007624 habitantes), y continuado en mayor o menor medida en el resto del siglo decimonónico. Este fenómeno es un índice inequívoco de la prosperidad que disfrutaba la Isla por entonces.

Para ilustrar mejor el lugar de Cienfuegos en ese proceso de poblamiento, veamos cómo se desarrolló éste en la provincia Las Villas, escenario geográfico natural de la Perla del Sur. Con ese objetivo me centraré en las 32 villas que devinieron cabeceras municipales para el censo del año 1953. Resumir los datos a los pueblos más importantes, cuyos nombres y ubicación son bien conocidos por el cubano de hoy, hace más comprensible la explicación. Se trata, por tanto, de colocar la erección de Cienfuegos en el contexto de los pueblos más destacados por su importancia social y económica en el territorio.

Sobre un mapa de los territorios que abarcaba la antigua provincia de Las Villas, con los límites provinciales antiguos y actuales señalados, están marcadas las 32 villas devenidas cabeceras municipales durante la primera mitad del siglo XX. De ellas, en diferentes colores, se destacan los pueblos fundados hasta el siglo XIX, y los erigidos en la decimonónica centuria.

Listado de pueblos devenidos cabeceras municipales durante la primera mitad del siglo XX en la antigua provincia de Las Villas, agrupados según la fecha de fundación (durante los siglos del XVI al XVIII, y en el siglo XIX).

Al restringir el análisis a los 32 pueblos de Las Villas que devinieron cabeceras municipales para 1953, quedan fuera del estudio una decena de villas de alguna imoportancia, cuyo desarrollo no les permitió alcanzar esa categoría. Me refiero a aquellas poblaciones con al menos un templo con categoría parroquial en el siglo XIX (en cualquiera de sus clases: de ingreso, de ascenso y de término), jerarquización otorgada por los obispos hasta la idependencia cubana no sólo en función de las necesidades religiosas de la población, sino además, y en una medida nada despreciable, en correspondencia con el desarrollo económico alcanzado por la villa. La suma de las 32 cabeceras municipales para 1953, más aquellos 11 que alcanzaron la clasificación de “parroquia” para alguno de sus templos en el siglo XIX (sin llegar a ser cebeceras municipales), ofrece una visión completa del poblamiento de la provincia Las Villas en el siglo decimonónico.

Listado de pueblos de Las Villas con al menos un templo jerarquizado como parroquial por la Iglesia Católica en el siglo XIX (no devenidos en cabeceras municipales para 1953), relacionados según su fecha de fundación.

De la totalidad de las 32 cabeceras municipales de 1953, sólo 6 fueron erigidos en el transcurso de los casi trescientos años que mediaron entre la colonización de la Isla y el final del siglo XVIII. Las restantes villas, más del 80 % de ese conjunto, se establecieron en los primeros 90 años del siglo XIX. La evidencia de los números es estridente: la verdadera “colonización” de Las Villas tuvo lugar a partir de la decimonónica centuria, sentencia que puede aplicarse al resto de la Isla, con la excepción, quizás, de la pequeña zona inmediatamente próxima a La Habana.

Incluir en el análisis los asentamientos con templo parroquial en el siglo XIX no cambia esta certeza. Aunque más de la mitad de ellos fueron fundados entre los siglos XVII y XVIII, se mantuvieron en un somnoliento desarrollo, sin alcanzar nunca relevancia importante siquiera a nivel local. Hasta bien entrado el siglo XX esos sitios fueron pequeñas y poco importantes poblaciones. Así, por ejemplo, en 1841 Cumanayagua (con casi un siglo de existencia con templo parroquial, ambas afirmaciones documentalmente comprobadas) se consideraba una “aldea” de la jurisdicción de Cienfuegos, categoría que superaba sólo a los “caseríos” como Ciego Montero o Arimao, y albergaba algo más de 70 habitantes en casas de embarrado y guano. Veinte años después continuaba calificada en la misma categoría, con 12 pobres casas, la mayoría de los mismos materiales constructivos. Finalizando el siglo XIX, Cumanayagua no fue considerada “población reunida” en ninguno de los dos últimos censos del decimonónico (1887 y 1899). Más o menos similar destino tuvieron las restantes 10 villas de este grupo.

Sin embargo, una mirada más acuciosa ubica la erección de 7 de esas 26 villas en el breve lapso de 8 años entre el 1816 y el 1824, haciéndolas prácticamente contemporáneas con Cienfuegos, y surgidas como resultado de la misma tendencia nacional: la materialización un tanto tardía de las propuestas hechas por la Comisión del Conde de Mopox y Jaruco, el habanero Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, y que funcionó entre 1797 y 1802. Según palabras de su propio jefe, ese estudio de por sí llegaba tarde, pues “debió haberse hecho hace veinte años”.

Otro factor influyente en el establecimiento de estos pueblos, en igualdad de importancia con las propuestas de la Comisión, es el empeño por hacerlas realidad del entonces Capitán General José Cienfuegos Jovellanos (1816-1819). En honor y agradecimiento a ese Capitán General la Colonia Fernandina de Jagua cambió su nombre por el actual en 1829, después de recibir el título de villa.

José María Cienfuegos Jovellanos (España 1768-Ídem 1825). Durante su mandato como Capitán General de la Isla se aprobó la fundación de Cienfuegos, nombre que recibió la Colonia Fernandina de Jagua en 1829, al otorgársele el título de villa. Su llegada a Cuba fue vaticinada como de mal agüero por los supersticiosos habaneros, pues coincidió con el espectacular incendio de la fragata destinada a perseguir corsarios “Atocha”, en el puerto de La Habana.

Nota aparte merece el tesón en pro de la fundación de estas villas, y especialmente de Cienfuegos, desplegado por el Superintendente de Hacienda, el español Alejandro Ramírez (en esas funciones entre el 1816 y el 1821, cuando fallece en La Habana). Facilitó su empeño por poblar la Isla, además, estar a cargo desde 1818 de la Junta de Población Blanca, encargada de fomentar el “blanqueamiento” de la Isla. Así lo describió en 1878 el conocido historiador y biógrafo Francisco Calcagno: “el Intendente más notable entre cuantos ha tenido la Isla, y uno de los que más brillante papel han desempeñado en la Hacienda americana”. Desde su posición en Hacienda apoyó también, entre otros aspectos, el fomento del arte en la Isla: en su honor se denominó “San Alejandro” la escuela de pintura sostenida desde 1818 por la Sociedad Económica de Amigos del País, heredera de una hermosa historia posterior hasta nuestros días, elevada al rango de Academia.

Superintendente de Hacienda Alejandro Ramírez (España 1777-La Habana 1821). La defensa de su proyecto de una Cuba “pequeña”, junto a otros factores, propiciaron un espíritu del culto a la Perla del Sur por sus vecinos sin el fasto ni el boato de otras villas cubanas. En 1846 José Antonio Saco, en su crítica al informe de Vicente Vázquez Queipo, le aclara que si en algo se ocupó el gobierno de la Isla en el fomento de poblaciones “fue a impulsos del buen intendente D. Alejandro Ramírez”, y rectifica más adelante el error de considerar la fundación de Cienfuegos obra del intendente conde de Villanueva (Superintendente General Claudio Martínez de Pinillos), cuando realmente fue bajo los auspicios del Superintendente Alejandro Ramírez. Murió fulminado por una “apoplegía” sufrida como resultado de las calumnias de todo tipo urdidas por sus enemigos en La Habana.

En el momento de la fundación de Cienfuegos, la burguesía cubana más encumbrada promovía la creación de una Cuba “grande”, esclavista, con emporios azucareros, diseñada y representada por Francisco de Arango y Parreño. Sin embargo Ramírez, de conjunto con el Obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa (el Obispo Espada), defendían la supresión de la trata y el desarrollo de una Cuba “pequeña”, de pequeños colonos, con una población creciente blanca que absorbiese a la raza negra y se crease con su trabajo propio una existencia modesta, pero suficiente. Aunque en Cienfuegos residieron varios miembros de la zacarocracia criolla como Domingo Sarría, y hasta el primer inversor norteamericano en la industria azucarera nacional, Mr. Edwin Atkins (dueño del central “Soledad” desde 1883), el espíritu de la ciudad logró mantenerse dentro de la Cuba “pequeña”, sin el fasto y boato ostentados algún día por ciudades cubanas como Trinidad. Para ello debieron converger varios factores, entre ellos el cosmopolitismo de ciudad portuaria, informada de los últimos acontecimientos y cosmovisiones internacionales, y la influencia de una burguesía criolla liberal con exponentes muy cultos, amante de las artes y capaz con su influencia de sostener una vida cultural asombrosa en la villa, considerando las condiciones materiales de una ciudad recién fundada.

Obispo de La Habana Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, el Obispo Espada, (País Vasco, España 1756-La Habana 1832). Trabajó hombro con hombro con el Intendente Ramírez por la abolición de la trata de esclavos y el fomento de poblaciones “blancas” según el proyecto de una Cuba “pequeña”. Cienfuegos se fundó algo más de una década antes de su fallecimiento. Nunca visitó la villa, ni siquiera tuvo tiempo de firmar el acta de erección de Cienfuegos como parroquia, aunque sí estuvo al tanto de la administración de los sacramentos y la decencia del culto y de los entierros en la villa y en la comarca.

Dentro de esta tendencia de poblamiento nacional, descrito aquí enmarcado geográficamente en la región de Las Villas, lo verdaderamente local es el meteórico ritmo de desarrollo alcanzado por Cienfuegos en todos los órdenes, sin comparación con cualquiera de las otras poblaciones villareñas. A sus jóvenes 80 años, la Perla del Sur se adentró en el siglo XX con una población superior al doble de su más cercana competidora, Santa Clara, para entonces capital de la provincia de igual nombre, con una antigüedad de más de dos siglos. En 1907 todavía se cumplía esta proporción, aunque fue invirtiéndose a partir de la crisis económica de los años veinte y la construcción de la Carretera Central, hasta llegar a los años cincuenta, donde la población de la capital provincial Santa Clara sobrepasó en más de un 30% la de Cienfuegos.

Tabla comparativa con los datos de población urbana recogidos en el informe estadístico de 1841 y en los censos de 1899 y 1907. Se incluyeron las 32 poblaciones de la provincia de Las Villas devenidas cabaceras municipales en la primera mitad del siglo XX, listadas en el orden cronológico según su fecha de fundación. Los escaques en blanco corresponden a los asentamientos que para el momento del conteo no calificaban aún dentro de cualquiera de las categorías de asentamientos urbanos: caserío, aldea, pueblo, villa o ciudad.

Sobre la base de la tabla anterior, se muestran dos gráficos puntuales de la población urbana de las 32 villas devenidas cabecera municipal en la primera mitad del siglo XX (provincia Las Villas). El primero correspondiente al año 1841, y el segundo a 1905. Evidente el meteórico desarrollo de Cienfuegos en sus primeros cohenta años de vida. Su población, al final del siglo XIX superó en casi dos veces la de la capital provincial Santa Clara, para entonces con dos siglos de existencia.

Una característica distintiva de Cienfuegos en su ámbito villareño es su españolidad de siempre. Junto a Sagua la Grande, constituyen los dos focos hispanos de la provincia Las Villas. Aunque puede parecer una evidencia de menor interés, ambas ciudades comparten una misma españolísima devoción mariana como su patrona, la Purísima Concepción. Ambos pueblos tuvieron sostenidos y cercanos intercambios en disímiles áreas, desde proyectos financieros y comerciales comunes, hasta las más sencillas relacionadas con el ocio y el recreo. En estas últimas los pobladores de las dos villas demostraron verdadera creatividad. Desde el propio siglo XIX los intercambios entre Cienfuegos y Sagua la Grande fueron más cuantiosos y cercanos que los sostenidos con Santa Clara, a la postre capital provincial.

Prácticamente desde su fundación Cienfuegos sostuvo estrechos lazos con Sagua la Grande, el otro baluarte hispano de Las Villas. Especialmente después de 1860, establecido el enlace por ferrocarril entre ambas villas a través de Cruces, el intercambio se incrementó, manteniéndose con una fluidez superior al sostenido con Santa Clara, a la postre capital provincial. Así recogió la prensa local los avatares de un partido de pelota en 1927 entre ambas villas.

Otra tergiversación frecuentemente repetida por el cienfueguero común es atribuir a la influencia francesa el excelente planeamiento urbano de la ciudad, especialmente lo concerniente a sus calles amplias y rectilíneas, orientadas según los puntos cardinales. Ello en realidad responde a elementales principios de los proyectos de urbanización de entonces, cuyos detalles se implementaron para las ciudades hispanas de América por disposiciones de todos los niveles jerárquicos, desde reales órdenes hasta ordenanzas municipales.

En la siguiente tabla se listan 14 ejemplos de villas cubanas con calles rectilíneas, no siempre orientadas según los puntos cardinales, establecidas antes y después de Cienfuegos. Salta a la vista la aplicación de estos principios en las villas del territorio inmediatamente cercano a La Habana, dotadas desde su nacimiento de una “moderna” planeación urbana. Ofrezco, además, una imagen satelital de Nuevitas (San Fernando De Nuevitas), villa más o menos contemporánea con la Perla del Sur. Si bien todos los ejemplos citados tienen una disposición rectilínea del trazado de sus calles, ellos se diferencian por detalles como el ancho de las vías (por ejemplo en Nuevitas de 20 varas de ancho, mientras en Cienfuegos sólo 15), o la dimensión de sus manzanas (en Cienfuegos un cuadrilátero equilátero de 100 varas por lado, mientras en Nuevitas eran irregulares, con 100 por 125 varas de fondo).

Tabla con un listado de 14 ejemplos de villas cubanas con el trazado rectilinio de sus calles, precisando el año de su fundación. Se han agrupado en dos categorías: erigidos antes y después de la fundación de Cienfuegos.

Foto satelital de Nuevitas (San Fernando de Nuevitas, fundada en 1828), con su trazado rectilíneo y regular, similar a Cienfuegos. Fuente: Google Maps.

Fundación de Cienfuegos en Cuba.

Veamos brevemente la fundación de Cienfuegos en el contexto nacional. Una vez más recordemos que los “nacimientos” de estas poblaciones, además de su precariedad y provisionalidad, no siempre quedaron recogidos en la historia por actos fundacionales, menos aún con la precisión de actas y testimonios como lo fue Cienfuegos. En algunos casos, por ejemplo, la repartición de solares en donde ya existía un asentamiento, marcaba el momento oficial de su fundación. En otros, la construcción de un templo y su elevación a la categoría de parroquial, completaban los requisitos para que un asentamiento de años comenzara su oficialización y desarrollo. Estos momentos no siempre garantizaron un fomento urbano en ascenso; en ocasiones algunas de esas villas prácticamente desaparecían para resurgir más tarde. Así, por ejemplo, los primeros cortes de madera en la zona de Sagua la Grande, necesariamente con alguna población reunida en la zona, datan de la propia conquista en el siglo XVI. Sin embargo, no fue hasta finales de 1821 que un grupo de los más importantes vecinos de esa villa, solicitaron a la autoridad superior el establecimiento de un ayuntamiento en el caserío, fecha considerada fundacional por la mayoría de los historiadores. Probablemente por la dificultad para precisar las fechas fundacionales, rara vez se describe la fundación de Cienfuegos en su contexto nacional.

Teniendo en cuenta la relatividad de estas fechas, y después de un estudio detallado de documentos testimoniales, tanto civiles como eclesiásticos, ofrecemos la siguiente tabla con los asentamientos establecidos en la Isla entre 1809 y 1829, es decir una década antes y una después de la fundación de Cienfuegos, por lo cual pueden considerarse “contemporáneos” con la Perla del Sur.

Tabla con el listado de pueblos cubanos “contemporáneos” de Cienfuegos (fundados un decenio antes o después de la Perla del Sur).

Repasemos algunas conclusiones evidentes de los datos. Los patrocinadores de la fundación de la Perla del Sur, el Capitán General José Cienfuegos Jovellanos y el Superintendente de Hacienda Alejandro Ramírez, convergen en Cuba prácticamente a la misma vez, el primero en abril, y el segundo en julio, ambas fechas del año 1816. Trabajaron juntos durante tres años hasta la sustitución como Capitán General de Cienfuegos en agosto de 1819. En ese breve lapso el número de las villas fundadas ascendió a un tercio de todas las erigidas en la suma de los 20 años transcurridos (10 antes e igual número después de establecida nuestra ciudad). Por supuesto, no a todos los asentamientos ambas personalidades prestaron igual empuje de patrocinio. Sin embargo, la oficialización de todos ellos, sí fueron necesariamente formalizados con el conocimiento y beneplácito de los dos.

El análisis anterior ilustra la fundación de Cienfuegos no como un hecho aislado, sino dentro de una tendencia nacional de acelerado poblamiento, caracterizada, adicionalmente, por el interés de las autoridades coloniales y de la burguesía criolla por “blanquear” la población de la Isla. La mayoría de estas villas permanecieron en el espíritu de la Cuba “pequeña” diseñado por el Superintendente Ramírez, descrito con anterioridad en este trabajo. En este contexto nacional, la Perla del Sur destaca realmente no por su fundación francesa, sino por tres aspectos fundamentales. El primero y muy determinante fue su meteórico desarrollo en todos los órdenes material, político y social (la cadena azúcar-esclavitud-puerto-ferrocarril). A diferencia de otras poblaciones contemporáneas donde se dio en mayor o menor medida se desarrolló esta misma cadena, la ciudad recibió de sus residentes, prácticamente desde los difíciles tiempos iniciales, un enraizado sentimiento de culto o cienfuegueridad, con testimonios palpables desde muy temprano en nuestra historia. Por último, y como parte de lo que algunos llaman la “refuncionalización” de la cultura española en nuestro ámbito nacional, toda la vida material, cultural y cívica de la ciudad se caracterizó por un patente carácter hispano, sostenido de forma palpable hasta 1959.

Estos son los tres aspectos más locales de nuestra ciudad que nos identifican y distinguen en el contexto nacional y provincial. Éstos fueron los temas inmanentes de la historia de Cienfuegos, reconocidos por los historiadores, periodistas, vecinos en general e intelectuales foráneos, durante los 140 primeros años de la villa. Lo importante no es desconocer la influencia gala en Cienfuegos, se trata de no “torcer” el enfoque por el clientelismo material de financiamientos para la conservación, de subvenciones para inetercambios académicos, o peor aún, por clientelismo político, del cual los mejores cultores de la cienfuegueridad se desmarcaron siempre, tanto como pudieron.

Cienfuegos: ¿la única francesa en Cuba?

Precisamente durante el fructífero período de trabajo común del Capitán General Cienfuegos y del Superintendente Ramírez, principales patrocinadores de la fundación de la Colonia Fernandina de Jagua, se produjo al menos otra fundación con franceses en Cuba.

El Golfo de Nuevitas prestó su litoral para la fundación y primera ubicación de la villa Nuestra Señora del Puerto del Príncipe, actual Camagüey, una de las primeras siete villas fundadas por Diego Velázquez durante la conquista de la Isla. Después del traslado tierra adentro de esa villa en 1775, el golfo continuó siendo tentador para el fomento de una población reunida. Como parte de los esfuerzos por fomentar asentamientos de blancos, en 1818 el entonces regente de la Audiencia de Puerto Príncipe, de acuerdo con el Capitán General Cienfuegos y el Superintendente Ramírez, hicieron venir de Nueva Orleans varias familias por cuenta del Estado para fundar, sobre la playa y al fondo Sur de la Bahía de Nuevitas, en terrenos de la hacienda de este nombre, el nuevo caserío del Bagá (también conocido como San Miguel de Bagá). Llegaron a construir alguna infraestructura portuaria y a través de ella efectuaron exportaciones de maderas de caoba, cedro y fustete, mieles de caña y abejas, cera amarilla, azúcar blanca, mascabado y cueros al pelo. Su importancia creció hasta llegar a disputar la sede del ayuntamiento en el período constitucional de principios de los años veinte del decimonónico. Sin embargo, el huracán de 1821 arrasó con todas las casas e instalaciones, provocando el traslado del caserío algo más tierra adentro. Para 1825 contaba con 26 casas y una población de 145 habitantes, entre los cuales ya ninguno era francés.

Sobre un mapa actual de la región de Nuevitas (Camagüey), se muestra la posición relativa de la Playa de Bagá junto a la costa, y su ubicación definitiva, a unos 20 kilómetros más al Suroeste de Nuevitas, tierra adentro.

Si bien Bagá sobrevivió a todos los avatares en su historia, la influencia francesa en el sitio fue efímera. No obstante, es un testimonio sobre la existencia de una tendencia nacional en ese momento, de fomentar poblaciones blancas con franceses, particularmente residente en la Luisiana, actual estado del centro suroeste de los Estados Unidos.

¿Por qué Luisiana? ¿Franceses?

Juan Luis De Clouet Fauvrot, ¿francés?

En los territorios de la Luisiana y de los territorios aledaños a ambas orillas del Misisipi, así como en particular de la ciudad de Nueva Orleans convergieron los intereses españoles, franceses, ingleses y, por último, de la unión de estados surgida con la liberación de las trece colonias inglesas (Estados Unidos). El paso administrativo de una autoridad a otra, el asentamiento de poblaciones con diferentes idiomas y culturas hizo de esa zona uno de los ejemplos de fragua de mestizaje más originales del Caribe.

A partir de su fundación en 1718, la importancia de la ciudad de Nueva Orleans subió hasta convertirse en el siglo XIX, ya como ciudad estadounidense, el pórtico de entrada a los Estados Unidos para el norte de la América Latina y el Caribe, desarrollando una cuantiosa y fluida comunicación comercial con La Habana. Por otro lado, la relación de vecindad de los inmensos territorios de Luisiana por el Oeste con territorios coloniales de España fue otra fuente de influencia hispana. Sin espacio para extenderme sobre el tema, sólo menciono un interesante detalle: es el único estado dentro de la Unión norteamericana que continúa hasta hoy usando el término “parroquia” en su división territorial, influencia directa del catolicismo hispano en su cultura.

Juan Luis De Clouet Fauvrot (como reza en su partida de bautismo) nace en Nueva Orleans, contrario a lo difundido por Ecured, plataforma oficial cubana, que ubica convenientemente el acontecimiento en la “francesísima” Burdeos al sureste de Francia. Su nacimiento en 1767 se sitúa a cinco años de la firma del acuerdo secreto de Fontainebleau entre los reinos de Francia y España, según el cual ésta última cedió a España el territorio de Luisiana, una muy vasta división administrativa de Nueva Francia, territorio galo en Norteamérica. Cumplió los dos años mientras sus padres presenciaban la entrada victoriosa en Nueva Orleans de Alejandro O’Reilly, después de liquidar la sublevación de los vecinos de esa ciudad, quienes no aceptaron la entrega de la Luisiana a España y habían expulsado al primer gobernador español Antonio de Ulloa. Bajo gobernación española vivió hasta los 40 años, cuando siguiendo órdenes del virrey español de Méjico, viajó a esa ciudad. Hasta donde conozco, nunca más regresaría a su natal Luisiana.

Allí, en la Luisiana española, se casó en la misma parroquia de San Luis donde había sido bautizado. En ese período, además, ingresó en el Ejército Español, transitando desde el grado de soldado hasta el de Capitán del Cuerpo de Voluntarios. Precisamente en ese período España e Inglaterra entran en guerra (año 1779). El oficial De Clouet participa en la campaña militar del Gobernador de Luisiana Bernardo de Gálvez (iniciada por su iniciativa personal), lo que constituyó una importante ayuda a los beligerantes contra la corona inglesa, al mando de George Washington. Algunos puntos álgidos de esta campaña fueron la toma de la Florida, el combate de Mobila y el de Pensacola. En ésta última batalla De Clouet, al frente de una compañía de negros (esclavos y libertos), se destacó en la toma del fuerte San Marcos.

Finalizada la campaña, y de regreso a su nata Luisiana, es ascendido en 1800 al cargo de Capitán y Comandante del Cuerpo de Voluntarios de Mississippi, con el encargo de organizar dicho cuerpo, lo cual realiza con eficiencia. Ocupando ese cargo vive el paso de la soberanía sobre Luisiana de España nuevamente a Francia (1801) y dos años más tarde de ésta última a los recién formados Estados Unidos (1803). Hombre de fidelidad probada a la corona española, recibe el encargo en 1806 de mantener “el afecto y adhesión” al Rey de España de las familias establecidas en Luisiana, quienes deseaban salir de la “democracia republicana” norteamericana para regresar a sus enclaves coloniales originales. Esta emigración fue considerada por el Estado español como “malbaratar” las posiciones que habían alcanzado en Luisiana, y una “considerable pérdida” a sus arcas. Como siempre cumplió la misión con eficiencia y fidelidad al monarca hispano hasta 1807, fecha cuando el Virrey de Nuevo Méjico lo llamó a su presencia, marchando para siempre de su natal Luisiana.

Diez años más de servicios al Ejército Español le esperaban antes de su arribo a Cuba para fundar nuestra ciudad. En ese período, entre otras ubicaciones, sirve bajo las órdenes de Pablo Morillo en el archipiélago de San Marcos (Norte de la actual Colombia), durante el “régimen de terror” impuesto por el entonces virrey de Nueva Granada en la campaña de recuperación de esos territorios de manos de los independentistas. De allí, con el grado de Teniente Coronel de Infantería, se traslada a Cuba para hacerse cargo de su último destino militar en el Estado Mayor de La Habana, en 1818. Según conozco, nunca visitó hasta entonces territorio continental de Francia. Tenía entonces 51 años de edad, y según el promedio de vida de su época, se encontraba en la “tercera edad” como la conocemos hoy. El resto de su biografía en Cuba, particularmente lo concerniente a la fundación de Cienfuegos es bastante conocida, aunque en ella siempre se le designa convenientemente de “francés”.

¿Puede considerarse un hombre con esta biografía y hoja de servicios a la corona española un francés típico? Creo sería tan contraproducente (aunque verdadero) como decir que su contemporáneo Simón Bolívar era español.

Por último, los nacidos y criados entonces en Luisiana pueden haber sido francófonos y descendientes directos de franceses, pero su ambiente fue de huracanes, cocodrilos, papas, maíz, sol caribeño y naturaleza americana virgen e inexplorada, en cualquiera de las monarquías o repúblicas bajo cuya soberanía vivieron. Este entorno estaba muy lejos de la cultura mediterránea de la uva, el trigo y la aceituna. Por otra parte, todos los “franceses” llegados a la Colonia Fernandina de Jagua en los primeros años desde Luisiana, habían experimentado la vida bajo las monarquías francesa y española y bajo la Constitución liberal de Filadelfia, conocieron la influencia de la invasión de España por Napoleón sobre la independencia de las colonias americanas, y de todas esas experiencias escogieron viajar a una colonia española y vivir según los cánones morales del catolicismo español. Eran “franceses” conservadores de cuerpo y alma.

Concluyo con una afirmación. La historia de la fundación y desarrollo de la ciudad de Cienfuegos debe enfocarse como una ciudad españolísima, fundada con participación de franceses, cuya huella íntima es merecedora de ser estudiada y resaltada en su justo valor. Así evitaremos clientelismos de cualquier tipo.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

Detalles interesantes sobre la Perla del Sur y la actualidad cubana

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