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Introducción a las huellas arquitectónicas

La devoción a la Virgen de la Caridad en Cienfuegos dejó varias huellas arquitectónicas en la ciudad y su comarca. Si bien por su volumen constructivo e importancia estética ninguna destaca entre las más notables, su importancia como expresión de religiosidad popular las hace insoslayables al componer las más genuinas tradiciones de la Perla del Sur.

A continuación ofrezco un índice para que puedas escoger entre todas, las de tu interés.

Huellas arquitectónicas.

  1. Farmacia "La Caridad."
  2. Urna con las imágenes de la Virgen de la Caridad y Santa Bárbara
  3. Capilla de la Virgen de la Caridad en El Guayo.
  4. Capilla de la Virgen de la Caridad del Cobre en el central "Hormiguero".
  5. Templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en Ariza.
  6. Templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en Cartagena.
  7. Templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en el barrio de O'Bourke: un santuario.
  8. Otros temas relacionados.

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Farmacia "La Caridad".

Fachada de la farmacia La Caridad en la esquina de Calzada de Dolores y la calle Gloria.

Coincidiendo con los festejos de la Virgen de la Caridad del Cobre, el 8 de septiembre de 1922 fue inaugurada la farmacia "La Caridad" por el Sr. Antonio González. Este acto se imbricó en el conjunto de los desarrollados en esa celebración por los perlasureños. El acto contó con banda de música y fue presenciado "por numeroso público, que llenaba no solamente todo el local, sino también gran parte de la Calzada de Dolores"

La movida inauguración formó parte del conjunto de celebraciones realizadas en la ciudad por la fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre.

En lo más alto del frontispicio, al nivel de la cubierta, se construyó una urna con ventanillas de cristal transparente a ambos lados, donde se colocó una hermosa y relativamente grande imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. La talla en madera policromada fue traída especialmente por el dueño desde Barcelona. Fue bendecida por el sacerdote dominico Jordán, después de lo cual se colocó en la urna.

Durante casi cuarenta años la efigie engalanó la Calzada y dio la bienvenida a quienes arribaban a la ciudad por la única entrada existente. En 1961, con el giro al Marxismo de la revolución popular triunfante en 1959, manos inescrupulosas la sacaron de la urna y destruyeron.

En medio de la violenta situación social vivida por el país después de la caída de Machado, en 1934 estalló una potente bomba en la farmacia "La Caridad", abriendo un enorme boquete en la fachada, y destruyendo parte del portal. Era el segundo atentado a una farmacia en pocos días. El Sr. González Martínez declaró no saber el motivo del atentado, pues sus hijos habían participado en la lucha clandestina contra Machado.

La droguería fue una de las más importantes de la ciudad, con servicio a domicilio e importación directa desde Europa de productos químicos y perfumería. La farmacia conservó su objeto social hasta nuestros días y el edificio ha sido reparado en varias ocasiones, sin que, incluso a pesar del bicentenario de la ciudad, se halla restituido la imagen en la urna original.

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Urna con las imágenes de la Virgen de la Caridad y Santa Bárbara.

En la fiesta de Santa Bárbara de 1957, por iniciativa del Capitán de la Policía Marítima Alejandro García Olayón, se inauguró y bendijo una urna en forma de castillo, colocada junto a la Policía Marítima (Aduana). García Olayón tenía en su haber una larga historia de represión y muerte tanto en Cienfuegos como en Santiago de Cuba. Fue uno de los primeros fusilados en el propio enero de 1959.

Urna con las imágenes de la Virgen de la Caridad del Cobre por el lado que mira a la bahía y con una imagen de Santa Bárbara por la cara de frente a la ciudad. Se encontraba junto a la Policía Marítima, al lado del Muelle Real.

Se trataba de una construcción de ladrillos en forma de torre de castillo, de alrededor de dos metros de altura, con sección poliédrica circunscrita en un círculo de algo más de un metro. Sus aristas, y la base, estaban enchapados con azulejos. Disponía de dos nichos, cada uno de ellos con una ventanilla de cristal. En el dirigido al Sur, de frente a la bahía, se colocó la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. En el del lado contrario se instaló una imagen de Santa Bárbara.

Recuerdo haberla visto en los primeros años de la Revolución. Después fue destruida.

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Capilla de la Virgen de la Caridad del Cobre en El Guayo.

Mapa con la ubicación relativa de El Guayo, justo en los límites de las provincias de Cienfuegos y Santa Clara, entre Potrerillo y San Juan de los Yeras.

En la segunda mitad del siglo XIX, en el humilde hogar de la parda María Loreto Solís, ubicado en las cercanías de un poblado conocido como “El Guayo” (Entre San Juan de los Yeras y Potrerillo), los cultos a la Virgen de la Caridad del Cobre, fruto de la piedad popular, alcanzaron tal envergadura que fueron objeto de atención por el Obispo de La Habana.

Expediente incoado en 1889 en el Obispado de La Habana en virtud de insistencia de los vecinos del Guayo en solicitud de permiso para construir una ermita en honor de Nuestra Señora de la Caridad.

Con el tiempo, la tosca imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, propiedad de la parda María Loreto, pasó en el mismo siglo XIX al oratorio construido por Francisco Pascual, reconstruido varias veces hasta nuestros días después del paso de ciclones y otros desastres naturales, como muestra de perseverante devoción popular.

Sorprende, en el medio de la nada, la forma cómo la comunidad mantiene esta pequeña ermita de El Guayo

Ubicado junto al embalse de El Guayo, las vías de acceso hasta el lugar son todavía un desafío para cualquier medio de transporte. Sin embargo, asombra encontrarse allí numerosas muestras de devoción llevadas por visitantes procedentes de las más disímiles latitudes, como consta en su libro de visitas.

La tosca imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre de la negra María Loreto Solís sigue siendo centro convocante para los cristianos de la localidad.

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Capilla de la Virgen de la Caridad del Cobre en central "Hormiguero".

También finalizando el siglo XIX, esta vez por iniciativa de Luisa Terry de Ponvert, condueña del central Hormiguero (a dos kilómetros de Palmira). Allí se construyó un hermoso templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre, devenido después importante centro catequístico en la zona durante el siglo XX.

Foto de 1910 del templo del central Hormiguero en Palmira. Después de 1959 el ingenio fue renombrado como Espartaco.

La edificación, aunque de pequeñas dimensiones, tenía un diseño fuera de lo común para las zonas rurales. Por ejemplo, su pequeño y simpático atrio con cubierta a dos aguas es algo muy raro de encontrar entre los templos de la campiña cubana de su época. El campanario, que coronaba una torre cuadrilonga de dos pisos, era prácticamente un salón por sus dimensiones, y de él colgaban 12 pequeñas campanas, número absolutamente exagerado y sin igual en la diócesis de Cienfuegos.

Si bien su construcción no representa un ejemplar extraordinario, desde la arista de su valor de uso tiene importancia regional. Aquí radicó, en los tres últimos lustros del siglo XIX, una escuela gratuita para niños pobres supervisada personalmente por Luisa Ponvert. A su vez, el templo era el centro catequético de una buena parte de lo que hoy abarca el municipio de Palmira.

El edifico, junto a prácticamente todas las naves del central, fue destruida por el ciclón de octubre de 1935. Posteriormente fue reconstruido. A partir de 1959 fue utilizado como almacén del ingenio durante decenios, hasta que la falta de cuidado provocó su derrumbe.

Foto de noviembre de 1935, donde pueden verse los efectos destructivos del ciclón. Al fondo la torre del reloj, característica distintiva de este ingenio, y que se conserva hoy, convertido el central en museo de la industria azucarera.

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Templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en Ariza.

Mapa de ubicación del poblado de Ariza.

Ariza se encuentra ubicada en el camino que unía el poblado de Palmira, con el cantón de Limones. Como tal no se menciona en la nueva división municipal hecha después de la Paz del Zanjón en 1878. Su importancia como caserío la adquiere ya en el siglo XX, con la ampliación de los ingenios de la zona, y la construcción del camino de Rodas a Cienfuegos, en cuya unión con el “Camino Real de Palmira”, como también se conocía, se asentó el poblado. Sus terrenos se urbanizaron y parcelaron por primera vez en 1916, lo que pudiera tomarse como referencia de despegue en su importancia como poblado.

Foto del templo de Ariza en el 2004, recién dotado de cercado perimetral.

Ya parcelado y comenzado a urbanizar el poblado, en 1937, como parte del "Plan Trienal" desarrollado por el coronel Fulgencio Batista, y con la participación del entonces Presidente Federico Laredo Brú, se efectuó en Ariza el acto de inauguración del primer tramo de la carretera de salida de Cienfuegos hacia el Norte. De esa manera quedaba enlazada por carretera con esa ciudad y por un camino con Palmira, momento que marcó el despegue de Ariza como población reunida.

Durante la primera mitad del siglo la atención espiritual de los fieles de Ariza corrió a cargo de los curas párrocos de Rodas y Palmira, pues la división territorial, y también eclesial, pasaba por el pueblo y lo dividía en dos barrios: Rodas y Arango (Palmira).

La atención pastoral de los sacerdotes no ocurría simultáneamente, sino por distintas temporadas en que lo visitaba uno u otro párroco. Ellos administraban los sacramentos en casas particulares, especialmente en la residencia del Sr. Domingo Morera, cuya difunta esposa tenía a su cargo la instrucción de los niños. Hasta 1954 no se tiene noticias de que se hubiesen hecho gestiones para la construcción de un templo católico en Ariza.

A finales de ese año, siendo Párroco de Cartagena con residencia en Rodas el Pbro Modesto Peña y Paz, fue integrado el “Comité pro Construcción de la Capilla de Ariza”. Este comité estuvo presidido por el Párroco e integrado por los Sres. Manuel Fernández Navarro, propietario, Domingo Morera, propietario y Adelfa Aguiar, ama de casa, todos vecinos del pueblo. El Comité trabajó en la recaudación de fondos para la construcción, destacándose en esta labor también las entonces jóvenes Bibina Sabala y Asteria Morera.

Foto de 1997 del Padre Modesto Juan de Dios Peña Paz, promotor de la construcción del templo en Ariza. Su prisa por terminarlo se debió a la intención de inaugurarlo antes que su vecino templo de la Iglesia Bautista, también en construcción, en medio de un ambiente pre conciliar poco ecuménico.

El terreno para la construcción fue donado en sus dos terceras partes por el Sr. Manuel Fernández, presidente del Comité, quien lo segregó de la parte del potrero “La Victoria” del cual era dueño. El resto fue donado por el Sr. Domingo Morera, quien lo segregó del terreno de su propiedad contiguo al lugar seleccionado para la construcción.

Así recogió la crónica social la primera boda celebrada en el templo poco después de su inauguración. Asteria Morera, hija de uno de los donantes del terreno para el templo y activista destacada de su construcción, contrajo matrimonio con Oscar Ginart.

El 28 de junio de 1955 se firmó el contrato de construcción del templo entre el Comité mencionado y el maestro de obras Sr. Nicasio Sosa, quien se comprometió a ejecutarlo en 70 días.

La capilla fue solemnemente bendecida por el Padre Peña, con autorización del entonces Obispo de Cienfuegos Mons. Eduardo Martínez Dalmau, el 9 de octubre de 1955. A este acontecimiento precedieron varios días de misiones en el pueblo.

El templo fue dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre como titular. La imagen que se colocó en el altar fue encargada a la Habana y costeada por el Sr. Fernández, presidente del comité.

Para la construcción y habilitación del templo se contó con donaciones populares entre ellas la de la Sra. Aurora Fernández, entonces alcaldesa de Rodas y firmante de los "Estatutos" impuestos por el gobernante de facto Fulgencio Batista, así como del Dr. Jorge García Montes, entonces Primer Ministro de dicho gobierno.

Sin embargo, la extensa lista de donantes es un reflejo de la piedad popular, pues junto a los nombres de personas encumbradas y de sólida posición económica, figura una impresionante cantidad de nombres de familias humildes que dieron su aporte a una obra considerada la realización de un viejo anhelo.

El templo de la Virgen de la Caridad del Cobre de Ariza fue declarado Parroquia el 8 de diciembre de 1997 por el Obispo de Cienfuegos Mons. Emilio Aranguren. Dentro de sus límites se encuentran las comunidades de San Nicolás, Silverita y Yaya. Actualmente la comunidad es atendida por el párroco de Abreus.

Fruto del paso del tiempo y de los fenómenos climáticos sufridos, el edificio se encuentra actualmente en ruinas.

Vista actual del templo con la cubierta destruida y los muros de las paredes apuntalados por no dotarlas de cerramientos cuando fueron construidas.

UNA CURIOSIDAD. Proyecto elaborado en 1955 por el arquitecto cienfueguero Federico Navarro Taillaq, laico muy vinculado a la Jerarquía católica, para la construcción del templo de Arziza. Los recursos limitados y la prisa del Pbro. Peña por terminarla no permitieron su ejecución. La edificación incluía una fachada mucho más elaborada, una sacristía, un dormitorio y un servicio sanitario, éstos últimos con cubierta de placa, sobre la cual se construiría un aljibe donde se acumularían las aguas de lluvia para usarlas en las necesidades del templo. Sus cimientos se elevaban sobre el nivel del terreno, evitando la subida por capilaridad del agua, como ocurrió en la edificación construida.

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Templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en Cartagena: expresión de cubanidad.

Mapa de ubicación de Cartagena.

La importancia arquitectónica del templo parroquial de Cartagena no radica en su escaso lustre estético, remarcado por sus pobres dimensiones y su ubicación en sitio pequeño y bastante desconectado del resto de los puntos de mayor vida social en la provincia.

La edificación adquiere su trascendencia cuando se le juzga como resultado directo de una de las expresiones de religiosidad popular más difundidas y enraizadas en nuestro pueblo, la devoción mariana a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de todos los cubanos. En este sentido su significación crece si consideramos que en el momento de su erección formaba parte del grupo de menos de diez templos dedicados a esta devoción, incluido el Santuario de El Cobre, distribuidos entonces por toda la Isla. De igual forma fue durante muchos años, hasta bien entrado el siglo XX, el primero y único lugar de culto público dedicado a esta advocación en la comarca cienfueguera.

En el lugar, desde mucho antes, existió una ermita, destruida por un huracán con anterioridad a los primeros intentos por reconstruirla. Esos propósitos generaron expedientes en el Obispado de La Habana, incoados en los años 1850 y 1853. Lamentablemente no dispongo de información sobre las características constructivas de la ermita arruinada ni sobre estos primeros empeños.

La antigüedad y perdurabilidad de sus festejos patronales, celebrados primero los días 12 de septiembre, fiesta católica del Dulce Nombre de María y luego el 8 del propio mes después de su nombramiento oficial como patrona de todos los cubanos por S. S. Benedicto XV en 1916, convierten la iglesia de Cartagena en lugar de convocatoria a una de las fiestas religiosas más participativas de la comarca.

Si a esto agregamos las simpática circunstancia de su ereccción, promovida por pobladores de la localidad, casi todos criollos de nacimiento, amantes de las lidias de gallos o galleros, entonces el alcance del inmueble se torna expresión de cubanidad.

Una circunstancia tan rara como especial vinculó la construcción del primer templo en Cartagena con los galleros criollos de esa localidad: mientras no hubiera iglesia no se autorizaban las peleas de gallos.

Los dos intentos de 1850 y 1853 por reconstruir la ermita del poblado de Cartagena destruida por un huracán, así como por dotar el poblado de un cementerio, terminaron sólo con la apertura del trámite burocrático por los obispos de La Habana. Ellos consideraban escasa la población del caserío y su ubicación muy alejada de los centros parroquiales existentes entonces (Cumanayagua, Camarones y a partir de 1855 Lajas). Los vecinos por su parte, organizados por el farmacéutico de esa localidad Juan Fermín Figueroa, prometieron garantizar el financiamiento para ejecutar ambas construcciones. Ninguno de estos argumentos bastó. Solamente lograron la promesa de autorización verbal de uno de esos obispos durante una visita pastoral a la vicaría de Cienfuegos en 1853.

A finales de 1856 el Sr. Figueroa cambia la estrategia, y durante cuatro meses escribe una carta de solicitud semanal al Obispo de La Habana, en ese momento Mons. Francisco Fleix y Solans. Para el éxito de su empeño contaba con el considerable desarrollo, sobre todo económico, alcanzado por la zona de Cartagena en esos años, así como el nombramiento de un destacado sacerdote en Lajas, el Padre Manuel Pérez Falguerra, quien se encargaría de tramitar y apoyar con empeño la construcción de éste y de otros templos en la zona.

Evidentemente cansado de las obstinadas solicitudes del farmacéutico, el obispo accede a la autorización, comunicada por carta de su Canónigo Secretario al Padre Pérez Falguerra en abril de 1857, con la condición de que los cartagineses “se obliguen a la sustentación decorosa del ministro que haya de desempeñar las sagradas funciones, a cuyo efecto deberán hacer una escritura pública en que aseguren la suma de seiscientos pesos anuales respondiendo con sus bienes y demás conforme a derecho, debiéndose remitir previamente a este Gobierno Eclesiástico copia de dicho formal documento”. Si el prelado supuso detendría con esta condicionante los brios de los cartaginenses se equivocó por completo.

A la misma vez, una reglamentación colonial prohibía la existencia de vallas de gallos en aquellos poblados donde no existiera iglesia. Por esa razón, al incentivo religioso de establecer una capilla pública, se sumaba el interés por estabilizar la realización de una de las más criollas y difundidas diversiones de la época: las peleas de gallos. Ver una dicotomía en estas dos aspiraciones, tal como lo hicieron los Pablos Rousseau y Díaz de Villegas en su común historia cienfueguera, describiéndola de forma lacónica, casi irónica, sin profundizar en los detalles, es una visión incompleta de esa realidad donde ambas se imbrican: el ser cubano.

Todavía hoy, en pleno siglo XXI, con un nivel de instrucción popular considerable, asombra el gusto de las nuevas generaciones por las lidias de gallos, evidenciado por la numerosa asistencia de jóvenes a las peleas organizadas en la única valla existente oficialmente en Cienfuegos (para 1959 la ciudad llegó a tener cinco), la “Finca El Indio”. La dicotomía, en mi opinión, está en la forma contradictoria en que todavía las autoridades, hoy como hace más de un siglo, continúan acercándose a esta arista de la cubanidad: por un lado se divulgan las mejores expresiones artísticas criollas inspiradas en o divulgadoras de las peleas de gallos, mientras por el otro se construye una valla oficial casi secreta, sin divulgación de ningún tipo, donde se aplican una cantidad de medidas policiales exageradas y sin éxito para evitar el juego ilícito, entre las que se incluye la prohibición de filmar o retratar el espectáculo público.

Haciendo gala del realismo mágico característico de estas tierras, en una criollísima solución, las autoridades acceden a la realización de lidias mientras se construye la iglesia, siempre que parte de las ganancias se destinasen a la construcción del templo, nombrándose a una persona para realizar la colecta, quien recibiría el 6 % de lo recaudado.

Los resultados son elocuentes: entre los años 1859 al 1862, del total de ingresos por donaciones para la edificación de la iglesia casi el 30 por ciento corresponde a la recaudación en las lidias de gallos, incluyendo una reclamación presentada contra algunos galleros poco escrupulosos, fallada por el Capitán Juez local a favor de la Junta para la construcción del templo. Como promedio se efectuó una sesión de lidias mensual, en cada una de las cuales se recaudó alrededor de 30 pesos (salario mensual entonces de un gerente de los ferrocarriles).

Sección del inventario de donaciones para la construcción del templo. Lo recaudado de las peleas del día viernes 8 de abril de 1859 ascendió a más de 59 pesos oro.

Otra sorprendente evidencia de la participación de los galleros es la composición por sexo de las personas donantes en efectivo: de un total de 251 personas, sólo 11 eran mujeres. La composición habitual entre los oferentes para obras de la Iglesia en aquella época era exactamente al revés, llegado el caso incluso de muchos hombres haciéndose representar en esos listados por sus esposas o hijas, presionados por el generalizado criterio social que caracterizaba las obras de caridad como cosa de mujeres.

Otra característica poco común es la presencia de varios “pardos” en el listado (negros libres), y hasta algunos “morenos” (esclavos), completando ese “ajiaco” o mezcla, con componentes bien separados cultural y socialmente en aquel momento, pero que daría paso con el tiempo a la fusión característica de nuestra composición étnica y social actual. Los negros relacionados con el aporte a la construcción del templo estaban encabezados por el pardo Belén Correa, especie de alarife, quien dejó a beneficio del templo los tres jornales que devengó en la composición de su piso, así como trabajó en la construcción de la capilla del cementerio por la mitad del jornal previsto.

Para concluir el tema sobre la importancia de la edificación de la iglesia de Cartagena como expresión de la cubanidad, recordemos la participación de una familia de ideas independentistas entre los principales donantes para la construcción del templo.

Francisco Figueroa Vélis (Colón, 1837-Cienfuegos, 1870), licenciado en Farmacia en la Universidad de Filadelfia, y conocido como El Boticario, fue el primer graduado universitario fusilado en Cuba durante la Guerra de los Diez Años. El hecho acaeció en Cienfuegos el 21 de febrero de 1870, cuando apenas contaba con 33 años. Se acercó caminando al lugar de ejecución con aplomo y diginidad, y murió con el grito de "¡Viva Cuba libre!". Una tarja en los muros de la Facultad de Química de la Universidad de La Habana recuerda el acontecimiento.

Aunque procedente de Colón en Matanzas, su lugar de nacimiento, su familia formó parte de un numeroso grupo de vecinos de la llanura Habana-Matanzas, asentados en la década de 1860 en la prometedora y fértil región bañada por el río Damují. Cuando se produce el alzamiento de Las Villas en febrero de 1869, su farmacia en Cartagena era centro de conspiración en la zona, e importante lugar de acopio de armas y otros bastimentos para los insurrectos.

A su vez, en los listados de donantes para la edificación aparece su nombre, así como el de su madre Josefa, viuda ya en 1861 del farmacéutico don Juan Fermín Figueroa, principal promotor durante diez años de la construcción del templo. De esta forma, los elementos que tiñen de cubanidad la erección del templo de Cartagena se completarían con el sentimiento independentista de algunos de sus donantes, seguramente más de uno, pasión considerada como la más criolla en una época cuando muchos cubanos comenzaban a considerarse miembros de una nación, a la que debía dotarse urgentemente de patria.

Así, venciendo trabas burocráticas y logrando la recaudación de los fondos necesarios para la construcción, al grito de “¡Viva la Reina!”, el propio Teniente Gobernador de Cienfuegos José de la Pezuela colocó el primer horcón del templo el 23 de enero de 1861. Admira la presencia de tan alta autoridad en un sitio bastante apartado y poco poblado como Cartagena, aunque para esa fecha era cabecera ya de un partido rural desde 1859. Ello se explica por el dinamismo personal del gobernador Pezuela, empeñado en el crecimiento de las poblaciones de su jurisdicción, y en la insoslayable importancia económica alcanzada por la zona.

Sobre este último aspecto aportaré dos datos ilustrativos. En el primer inventario realizado en el templo, por demás pequeño, de madera y sin pretensiones estéticas, el total de los objetos tasados representaban 4771 pesos (sin incluir la edificación valorada en cuatro mil pesos), suma considerable para una iglesia de estas características. Sin embargo, lo más sorprendente es que de ellos más de seiscientos correspondían a ornamentos de oro y plata como un incensario con un valor de 100 pesos, bandejas, crucifijos, campanillas, apaga luces y otros. De igual forma impresiona la recaudación promedio anual durante los primeros tres años y medio después de erigida la parroquia, entre enero de 1864 y julio de 1867, elevada a 1437 escudos (718 pesos), colocando de inmediato a la de Cartagena en el poco nutrido grupo de parroquias con más de quinientos y menos de mil pesos promedio de recaudación anual, inmediatamente por debajo del grupo al que pertenecía entonces la propia parroquia de Cienfuegos (cabeza de la vicaría), y por encima de la casi totalidad del resto de las parroquias del centro y occidente del país, con menos de quinientos pesos de promedio anual de obvenciones.

Sector de un inventario del templo de Cartagena de 1868. Sólo en 4 campanas (cantidad ya de por sí desproporcionada para un templo rural), el valor asciende a casi mil pesos oro, cifra fuera de cualquier comparación. Ésta, es una evidencia del grado de riqueza que había alcanzado la zona.

En octubre del propio año de la colocación del primer horcón, el obispo escribe al gobernador Pezuela informándole su aprobación a la inauguración y bendición del templo, incluyendo una leve recriminación “por más que en ello [su construcción] se haya prescindido de las formalidades establecidas en el derecho civil y canónico”, lo que constituye evidencia segura de su terminación para esta fecha.

La descripción de la edificación nos la brinda uno de sus gestores, el Padre Pérez Falguerra: “Iglesia de tabla, teja, piso de ladrillo, con coro, campanario y púlpito de treinta y dos varas de largo por quince de ancho donada por los vecinos y tasada en 4000 pesos”, consignándose en los documentos de liquidación de cuentas el pago de 4641 pesos al Maestro de Obras Esteban de la O Lima "por la construcción del edificio a todo costo".

La historia posterior del edificio es similar a la del propio poblado de Cartagena. Las consecuencias de la Guerra de los Diez Años y otros factores relacionados con su ubicación y el estado de las vías de comunicación sumieron la otrora rica región en un letargo económico considerable. Para el quinquenio de 1883 a 1888 el promedio anual de las obvenciones parroquiales disminuyó de más de setecientos pesos a menos de trescientos. En 1893 el Vicario de Cienfuegos Pbro. Clemente Pereira, después de una visita al poblado describió así la situación del templo: “La iglesia de tabla y teja en conjunto está completamente deteriorada: el entablado de los costados, frente y extremo podridos, presentando entre una tabla y otra innumerables grietas; las soleras igualmente podridas; los durmientes, no hay uno sano, sólido y seguro, estando las puertas y tablado en el aire por faltarle la base principal; el piso del coro y campanario destruidos; el techo casi sin tejas, pues las pocas que existen, de estas muchas rotas, no pueden cubrirlo, presentando un sinnúmero de goteras que a la más simple lluvia caen, poniendo el piso de la iglesia en un estado deplorable, demostrando esto un completo abandono”.

Cuando en 1903 los dominicos de la Parroquia del Patrocinio se hacen cargo de la de Cartagena, las condiciones del inmueble se habían deteriorado aún más, dando lugar a la demolición de la torre del campanario por decisión del Ayuntamiento pues amenazaba derrumbe, colgándose sus tres campanas sanas en un marco de madera. Después del fatídico meteoro del 28 de septiembre de 1935 "De la Iglesia de Cartagena no quedaban más que las paredes en ruina, las que se derrumbaron totalmente con el ciclón”.

Durante dieciocho años las ruinas permanecieron en el piso sin que su comunidad pudiera levantarlas nuevamente. En 1952 un grupo de damas católicas de la localidad, presididas por la Sra. Esperanza Martínez Peñaranda de Rodríguez, animadas por el párroco Pbro. Vicente Ferrer y Ubeda, comenzaron la recaudación para la construcción. El 22 de febrero del año siguiente Mons. Eduardo Martínez Dalmau inauguró y bendijo la nueva edificación, esta vez de dimensiones menores (su ancho se redujo de 12.5 a 8 m. y su largo de 26.7 a 25 m., incluida la sacristía). Sin embargo, ahora los muros y el campanario adosado a su fachada frontal eran de mampostería. A su vez, se mantenía el techo de tejas a dos aguas, aunque para el entablado se usó madera dura donada toda por el Sr. José Donestévez, dueño de aserríos en Cienfuegos. El piso de ladrillos se sustituyó por otro de contrastantes losas blancas y negras, estéticamente poco apropiado para un templo, dando la sensación inequívoca al visitante de haber accedido a un tablero gigante de ajedrez.

Foto de 1953: templo de Cartagena recién inaugurado (reconstrucción). Vista actual del templo parroquial de Cartagena.

Por último mencionaré un intento por reconstruir el templo ya en ruinas, según un proyecto elaborado por el Ing. Federico Navarro Taillacq en 1925. De su plano de ubicación puede verse el deficiente planeamiento urbano del pueblo. Recordemos que Cartagena alcanza relevancia con la donación de una caballería para su expansión por el entonces gobernador de Cienfuegos Pantaleón López Ayllón. Sin embargo, al planeamiento hecho en aquel momento le faltó previsión, elaborándose nuevamente en 1861, fecha en que se vendieron los terrenos originalmente destinados para la plaza, cuyos dividendos fueron donados a los fondos para la construcción del templo.

Reproducción del plano del Ing. Federico Navarro Taillacq elaborado en 1925, con la ubicación de una propuesta para la reconstrucción del templo. Puede apreciarse el insuficiente grado de urbanización alcanzado por el poblado, así como lo deficiente de su planeamiento (sólo dos pequeñas casas y la iglesia en casi media manzana de terreno).

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Templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en en barrio de O'Bourke: un santuario.

Planta de ubicación del templo a la Virgen de la Caridad del Cobre en el barrio cienfueguero de O'Bourke, donde se aprecia el extenso terreno que le pertenece, para acoger los peregrinos de toda la provincia Las Villas los 8 de septiembre, según el propósito de quienes promovieron su construcción.

El templo de Nuestra Señora de la Caridad en el barrio de O’Bourke es el de diseño y líneas más modernas construido en la comarca durante toda su historia hasta el año 2000 (sólo superado en este sentido por el templo de San Pedro Damián en Paradero de Camarones, fruto del diseño del arquitecto Tomás Martínez, primero construido con líneas atrevidas después de 1959 en la comarca).

Sin embargo, su mérito más destacado no consiste en ser precursor de una arquitectura religiosa más atrevida y contemporánea, sino en constituir, junto al templo de Cartagena, una expresión palpable del fenómeno sociocultural generado en nuestro país por la devoción mariana como Virgen de la Caridad del Cobre, más allá de los límtes estrictos de la Iglesia.

Vista del templo recién inaugurado, aparecida en la prensa local.

Desde la aparición de la imagen de Nuestra Señora de la Caridad en la bahía de Nipe hace casi cuatrocientos años hasta hoy, esta devoción se ha convertido en una de las formas, entre las más peculiares y generalizadas, como se ha expresado el apego del criollo a su tierra, manifestando el significado de lo natural y social mediante el significante religioso.

En consonancia con esta perspectiva, cuando los Dominicos de la Parroquia del Patrocinio deciden construir el primer templo dedicado a la Virgen de la Caridad en Cienfuegos, ubicándolo en la barriada de pescadores de O’Bourke, encontraron un apoyo generalizado y diverso en cuanto a personas e instituciones como no se había producido antes en ninguno de los procesos constructivos de iglesias en la ciudad. El proyecto formaba parte del empeño de esa orden religiosa por dotar de templos los caseríos de la periferia de la ciudad, incluidos los barrios Paraíso y Pueblo Griffo, cuyos templos se deben al empuje dominicano.

La primera referencia en la prensa local acerca de la intención de construir un lugar de culto en el barrio de O’Bourke data de mayo de 1950. En una nota de protesta publicada por el Comité Pro Mejoras de O’Bourke, firmada por el Sr. Manuel Abascal y un grupo de vecinas, estos se pronunciaron contra el presunto cambio de titularidad del templo en construcción en el Castillo de Jagua. En la carta expresaban que “Nuestra Señora de la Caridad, desde hace varios años es patrona de O'Bourke, teniendo para la iglesia que pensamos construir, un terreno y una imagen, donados por el que en vida fue nuestro vecino y gran benefactor, el Sr. Juan Pujol, (que en gloria esté). Actualmente se venera por el pueblo la sagrada imagen, en una casa particular, en donde provisionalmente se viene celebrando la Santa Misa, la catequesis, y anualmente sacamos la procesión de su festividad, que se celebra solemnemente. Todo esto costeado con los modestos recursos de los vecinos de O'Bourke, y gracias al esfuerzo y atención de los Padres Dominicos”.

Aunque la idea de construir el primer templo dedicado a la Virgen de la Caridad en Cienfuegos despertó un entusiasmo generalizado, su ejecución resultó demorada por dos factores fundamentales. El primero era la ejecución al mismo tiempo de otras dos iglesias en la propia ciudad (en Cayo Carenas y el Castillo de Jagua, más las incorporadas al dilatarse el plazo de ejecución de la de O’Bourke), así como otras fuera de la urbe como las de Cartagena, Santiago de Cartagena y Ariza.

Por otro lado, en marzo de 1952 se produce el golpe de estado del general Fulgencio Batista con su secuela de lucha civil y represión sangrienta, reflejadas de forma directa en la economía y el ánimo en general de la población.

El golpe de estado de marzo de 1952 y como resultado del mismo el levantamiento popular-militar del Cinco de Septiembre de 1957 en Cienfuegos, fueron dos factores determinantes para que la situación social no permitiera el cumplimiento de los objetivos previstos por quienes promocionaron la construcción del templo de O'Bourke.

A pesar de las dificultades, en octubre de 1953 se efectuó en la Parroquia del Patrocinio la reunión organizativa de la ceremonia para la colocación de la primera piedra del templo. Si bien los temas relacionados con la Iglesia encontraron siempre eco en la prensa local, sólo algunos muy contados, los relacionados con grandes celebraciones realizadas en la villa, fueron reflejados en primera plana. La noticia sobre la colocación de la primera piedra fue anunciada en la página inicial, en el sector más buscado por los lectores (superior centro derecho), con letras tamaño titular de primera importancia y con el altisonante texto “Colocación de la primera piedra del templo votivo de la Caridad, mañana. Cienfuegos vibrará de fe católica honrando a la Patrona de los cubanos”.

La mayoría de las informaciones relativas al templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en la barriada de O'Bourke, fueron incluidas siempre en primera plana y con titulares resaltantes. Fue la única iglesia que tuvo este tipo de atención por la prensa local, lo cual sólo se explica con la difusión popular de la devoción a la Patrona de los cubanos.

La integración del Comité Ejecutivo Pro-Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad en O'Bourke es otro ejemplo de la diversidad de componentes en el empeño por edificar el templo. Presidido por el laico, destacado médico, intelectual e impulsor de la “cienfuegueridad”, Dr. Pedro Sánchez Borroto y por la Sra. Mita Cepero de Abreu, el comité, junto a los lógicos representantes de las asociaciones eclesiales, estaba integrado por una representación de otras instituciones, entre ellas las Damas del Club de Leones, el Centro de Propiedad, el Colegio de Procuradores, el Comité de Turismo local, la Asociación de Veteranos de Cienfuegos y varias organizaciones sindicales.

A su vez la ceremonia misma de colocación de la primera piedra para la construcción, celebrada con la participación de un numeroso público el 22 de noviembre de 1953, presidida por el Alcalde de facto Sr. Ignacio Alonso (En junio de 1952, a mediados de su segundo de mandato, el Sr. Arturo Sueiras fue removido del cargo de Alcalde Municipal por el gobierno de facto de Batista, por negarse a firmar los “Estatutos Constitucionales” dictados por el nuevo régimen), y el Obispo de Cienfuegos Mons. Martínez Dalmau, estuvo matizada de detalles poco usuales. La participación de los veteranos sobrevivientes fue prácticamente total. Se aplaudió y se dio vivas a la Virgen, a la Patria y a Cienfuegos. El acto fue transmitido en vivo por radio. Por último, es la única celebración religiosa en nuestra diócesis en la que ha participado una aeronave, sobrevolando el lugar para conformar una corona de humo, en el mismo instante cuando el Obispo ciñó la tiara sobre la cabeza de la imagen de la Virgen de la Caridad.

A pesar de todo el entusiasmo, dos años más debió esperar el comienzo de las labores constructivas. Mediante cuestaciones populares se recaudó el financiamiento necesario y se compró un amplio terreno por los Dominicos (41.8 por 50.16 metros), compuesto por tres solares, a un precio de trescientos pesos, pagados mediante la contribución testamentaria del Sr. Juan A. Pujol.

La elección de un terreno tan amplio, la separación de diez metros del inmueble con respecto al borde de la carretera, así como la marquesina en su entrada principal para proteger a las personas que accedieran a la edificación, respondía a las expectativas de los fieles, clero y jerarquía cienfuegueros de convertirla en una especie de santuario diocesano de la Virgen de la Caridad, “un templo donde se darán cita las más concurridas manifestaciones del fervor católico, no solamente de Cienfuegos, sino también de Las Villas”.

Esta idea llegó a relacionarse incluso con algunas otras demandas populares como la proyectada ampliación del Prado hasta su intersección con la carretera de O’Bourke (conocida después como "Doble Vía"). También se relacionó al necesario fomento de un nuevo barrio para obreros, teniendo en cuenta los planes de industrialización de Cienfuegos, algunas de cuyas obras ya habían sido ejecutadas o estaban en proceso (después del triunfo revolucionario de 1959 se construyó en el mismo lugar señalado por Pastorita Núñez en su visita a esta ciudad, barrio que hoy lleva su nombre).

Ningún otro templo de la diócesis ha generado expectativas tan fuertes y disímiles. Estas manifestaciones pueden explicarse sólo a través del alcance sociocultural de la devoción a la Virgen de la Caridad entre los cubanos.

Después de anunciar y posponer su inauguración por dos veces (para el 4 de noviembre de 1956 y para el 24 de febrero de 1957), la edificación del templo, relativamente pequeña (10 X 20 metros, con una altura hasta el caballete de su cubierta pesada a dos aguas de 12.5 m), fue inaugurada y bendecida el 3 de marzo de 1957.

Las condiciones de la vida nacional habían empeorado considerablemente con el desembarco en diciembre de 1956 de los expedicionarios del yate "Gramma" y el comienzo de la lucha armada en las montañas del oriente cubano. Se sucedieron períodos de pérdida total de las pocas garantías constitucionales vigentes aún. Aunque la ceremonia contó con la participación de numeroso público, fue celebrada solamente por los Dominicos sin la participación del obispo Mons. Martínez Dalmau, quien ese mismo día inauguraba y bendecía otro templo, también dedicado a la Virgen de la Caridad, esta vez en el poblado de Santa Quiteria de las Congojas.

En esas condiciones, para divulgar la ceremonia de inauguración y bendición del templo de O’Bourke en la prensa local bastaron sesenta y una palabras al cronista social en una página interior; tanto se habían agravado los tiempos.

La ejecución del edificio estuvo a cargo de los maestros de obra hermanos Calzadilla, quienes ajustaron el contrato de construcción en 16500 pesos, incluyendo su hermoso y refulgente piso de granito color crema, revolucionario dentro de la arquitectura católica de la época. Las condiciones de ventilación eran especialmente buenas, logradas con el uso de cuatro grandes ventanas con hojas de pivote a cada lado, con sus correspondientes tragaluces superiores también desplegables en caso de necesidad. La simetría casi dogmática de sus líneas rectas se rompe con la torre campanario de sección cuadrada adosada a un lado, levantada hasta el caballete de su cubierta, en armonía con el templo también pesada y a dos aguas, a una altura de 15 metros. Para el avituallamiento del templo con bancos, ornamentos litúrgicos y otros detalles se requirió de 4000 pesos adicionales. Desconozco quien fue el proyectista de la edificación.

En el templo se efectuaron varias bodas y otras celebraciones, entre ellas un grupo de concurridas misas en favor de la paz para el pueblo cubano. Recién inaugurado, mientras se preparaba la primera romería o peregrinación para la fiesta de la Virgen de la Caridad a celebrar con carácter provincial, ocurrió la sublevación popular en Cienfuegos del cinco de septiembre, devenida sangriento escarmiento represivo.

Por último mencionaré que el vaticinio hecho por los fieles cienfuegueros el día antes de la inauguración no se cumplió: “La iglesia de O'Bourke será algo más para Las Villas. Por su asiento en Cienfuegos ciudad de Sede Episcopal, será el corazón del catolicismo de la provincia, donde confluirán peregrinaciones católicas desde el último rincón de la diócesis. Allí estará el trono predilecto de Nuestra Señora de la Caridad”.

Finalizada la guerra civil, con el triunfo revolucionario de 1959 el templo prácticamente cayó en desuso pasando a ser ocupado por una escuela de enseñanza primaria. Su estado físico actual muestra gran deterioro. La falta casi total de mantenimiento ha destruido los elementos arquitectónicos que alguna vez ornaron su moderna apariencia, siendo sustituidos por soluciones de verdadero mal gusto.

Recientemente las autoridades devolvieron el inmueble a la Iglesia, y hoy, entre olvidada y añorada, de cuando en vez es visitada por un sacerdote que celebra misa en una comunidad viva y dinámica, que espera ver su templo reparado y elegante.

Vista actual del templo dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre en el barrio de O'Bourke, Cienfuegos.

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Ing. Eloy M. Viera Moreno

Enamorado de la ciudad que lo acogió por más de treinta años. Dedicado cultor de la cienfuegueridad.


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Cienfuegos de Cuba

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